graciasportadadefesq

Entre L’apoteosi d’Ercole (Nápoles, 1819) y Virginia (ídem, 1866), Mercadante escribió alrededor de 60 óperas que fueron triunfando (o menos) a lo largo y ancho de Italia y Europa, compitiendo con los mayores colegas nacionales, desde Rossini a Verdi.

Para cualquier estudiante de piano de estos dos siglos precedentes, el nombre de Friedrich Kuhlau (1786-1832) resulta más que familiar, ya que sus estudios han fatigado los atriles de incontables casas y conservatorios.

A pesar de que en su tiempo mereció ser elogiado y registrado en los libros de su especialidad, el bohemio Franz Anton Rössler, rebautizado en el mundo del arte como Antonio Rosetti (1750-1792), aparece escasamente en los programas de conciertos.

Ferdinando Carulli vivió entre 1770 y 1841, es decir que fue coetáneo de Beethoven y de muchos nombres forzosamente menores que el Gran Sordo. Eran tiempos ‒como casi todos‒ de transición.

A veces, la historia tiene un gusto dramático por las parábolas. Vaya como ejemplo de los más amables el de Vítezslav Novák (1870-1949), a quien tocó ser súbdito del Imperio Austrohúngaro durante un medio siglo, luego ciudadano de la flamante república de Checoslovaquia, aplastada por los nazis y finalmente incorporada al sistema solar soviético como satélite.

En 1736, sobre un texto de Stefano Pallavicini, el maestro barroco bohemio encaró esta obra, I Penitenti al Sepolcro del Redentore, que intento encuadrar sin forzar categorías.

Giovanni Paisiello fue un auténtico hijo de su época, músico errabundo que sabía impregnarse de las corrientes estéticas de su generación. En la postrera fase de su carrera, después de las fructíferas etapas rusa (El barbero de Sevilla), vienesa (El rey Teodoro en Venecia) o napolitana (La molinera) fue llamado por Napoleón a París (donde años atrás había triunfado con Nina, la loca por amor) para dar algo de impulso a la mortecina producción lírica francesa.

Giacinto Calderara fue un compositor que vivió entre 1729 y 1803 y trabajó durante 54 años en Asti, estrenando algunas óperas que gozaron del esperado éxito como el Ricimero, ofrecida por vez primera en el Teatro Regio de Turín el 27 de diciembre de 1755, con el detalle curioso de que en el rol titular se turnaron el tenor Pasquale Potenza y la soprano Felicita Suardi.

La invasión napoleónica de Italia produjo fuertes alteraciones en su mapa político. Una de ellas consistió en fundar el efímero reino de Etruria, el supuestamente antiguo país de los etruscos, en el centro de la península.

Este Ernani de Verdi procedente, sin estar fechado, del teatro de Trieste que lleva el nombre del compositor, con Mara Zampieri en el nada cómodo papel de Elvira, puede situarse entre 1978 y 1985, un momento en que el arte de la soprano paduana encontraba una correlación entre medios y pretensiones.

La fanciulla del West de Puccini no es una obra que obtenga la atención que merece, orillada siempre por otros títulos del maestro luqués. Se trata, sin embargo, de una partitura estupenda que permite el lucimiento a cantantes (tres principales y varios «de reparto» con momentos de relieve pasajero) y directores musical (¡qué sutil y refinada orquestación!) y de escena (ha de mover un acto primero complicadillo).

A Peter Salomon se debe que Haydn haya viajado a Inglaterra en 1790 y 1794, compuesto las sinfonías que llevan títulos alusivos, se haya presentado en conciertos y recibido un doctorado en Oxford.

No es arriesgado considerar a Joseph Haydn el músico por excelencia de la Ilustración. Sin dejar de lado esta fuerte categoría, conviene examinar sus límites. Haydn vivió tanto como para nacer cuando Haendel y Bach estaban en activo y morir cuando Beethoven llevaba ya seis sinfonías en el catálogo.

La vida de Manuel de Falla, el genial músico gaditano, transcurre entre 1876, año en el que nace en Cádiz, y 1946, cuando muere, mientras dormía, en los Espinillos, Altagracia, Argentina.

Coincidiendo con la entrevista que aquí se transcribe [2015], Jorge Pardo, señalado hace dos años como Mejor Músico de Jazz Europeo según la Academia de Jazz de Francia, fue galardonado con el Premio Nacional de Músicas Actuales que concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

El 23 de noviembre de 2007, el CBA entregaba su Medalla de Oro al compositor, director de orquesta, teórico musical y pedagogo Pierre Boulez (Montbrisson, 1925-Baden-Baden, 2016), uno de los músicos más importantes e influyentes del siglo XX.

En 1920, tras algunos de sus mayores éxitos, Franz Lehár decidió aceptar un libreto de Leo Stein y Béla Jenbach. El asunto era polaco y, al mismo tiempo, Lehár estaba componiendo La levita amarilla, de tema chinesco, que no obtuvo especial repercusión y que, años más tarde, como El país de las sonrisas (1929), Richard Tauber llevaría al triunfo.

Como cada año en verano se celebra la pasarela wagneriana por excelencia: el Festival de Bayreuth. Aprovechemos la ocasión para hablar de la controversia musical que se generó con el inicio de la opera Tristán e Isolda, de Richard Wagner. Tómese el siguiente texto como un programa de mano sui generis, frente al sucedáneo otorgado a los asistentes de la sala a modo de “menú del día”.

Thelonious Monk (10 de octubre de 1917-17 de febrero de 1982) cumple su primer centenario en 2017. Este aniversario lo es por partida doble. No solo se celebran 100 años de su nacimiento, sino también 70 de la grabación de su álbum debut: The Genius of Modern  Music Vol.1 (1947), un título que supone una declaración de intenciones y donde la genialidad sobrepasa el tamaño de un LP.

En verano tiene lugar en España una avalancha de festivales de jazz (Vitoria, San Sebastián, San Javier, etc). Resulta llamativo que no se celebre un homenaje en recuerdo de los 30 años de la desaparición del bajista Jaco Pastorius (1 de diciembre de 1951-21 de septiembre de 1987). Por ello, estos párrafos intentarán hacer justicia a un músico cuyo legado ha sido, es y seguro que seguirá siendo muy importante para los bajistas y aquellos que aprecian su música.

El tropo musical nació en un entorno puritano. Pese a ser un recurso asociado a una música tan antigua como el Canto Gregoriano, lo cierto es que podemos ver vestigios de este elemento en nuestros más cercanos días….

Forma clásica por excelencia, hija de la sonata y madre de la obertura, la sinfonía fue tratada con extrema formalidad durante el siglo XVIII: Haydn, Mozart, Boccherini y suma y sigue. En sus cuatro movimientos, severamente ordenados, se puede leer una alegoría de la vida humana, seccionada en cuatro edades.

El enorme cartel de Arturo Toscanini dejó en un segundo plano a una ilustre compañía de directores italianos, atentos, a la vez, a la herencia de su país como a las propuestas contemporáneas de otras fuentes, Alemania y Francia, en especial.

Samuil Feinberg (1890-1962) es más conocido como pianista y maestro de pianistas que como compositor. Estas recuperaciones en CD que motivan estas líneas sirvieron para completar el tablero histórico de la música rusa durante el rico periodo que cubre la primera mitad del siglo XX, en el caso, para el renglón del pianismo de punta que Rusia produjo en todo tiempo y bajo cualquier régimen político.

Barry Harris es el especialista del bebop más importante del mundo. El término bebop es una onomatopeya que alude al sonido de esas innovadoras melodías. Se desarrolló entre los años cuarenta y cincuenta, y ha supuesto mucho más que una rama dentro del jazz. Es un punto de inflexión de donde surgen los elementos que caracterizan actualmente al jazz: desde el repertorio denominado standards (comprende tanto canciones tomadas de musicales y películas como melodías instrumentales escritas por los músicos de jazz) hasta las jam sessions, que son reuniones de jazzeros en el escenario, para tocar dicho repertorio sin apenas ensayo previo, y por lo tanto, abiertas a la espontaneidad musical.

Robert Fuchs (1846-1927) vivió lo suficiente como para asistir a varios derrumbes: el imperio austrohúngaro, la paz octaviana de la Europa finisecular y la música tonal.

Paganini fue un músico de cuerdas. Frotadas, punteadas, pellizcadas, pulsadas, pero siempre tensas y vibrantes. No es casual que haya reunido, en numerosas ocasiones, al violín con la guitarra.

Franz Liszt, aparte de su obra sinfónica, vocal, organística y oratorial, o por encima de ella, según se mire su catálogo, se pasó la vida sentado al piano. Escribió su propia obra pianística pero, además, sintió la necesidad de traducir a su pianismo personal buena parte de la música de su siglo: las sinfonías de Beethoven, momentos de óperas wagnerianas, verdianas y belcantistas y hasta su misma música sacra.