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La escuela gaditana de cate puede ser considerada una de las bases primigenias del flamenco y una de las que evolucionan con más rapidez, pues incorpora elementos de otras músicas con notable facilidad y porque continuamente interacciones con otros fenómenos musicales muy vitales, como el carnaval y la música clásica.

Tras el nombre de Silverio Franconetti, es el de Don Antonio Chacón el que concita la mayor unanimidad en su maestría flamenca. Si Franconetti convirtió al flamenco en un arte abierto a los públicos, Chacón lo confirmó y consolidó en lo que se conoce como la Edad de Oro.

En una entrevista concedida el mes de junio de 2008 al Diario ABC de Sevilla la bailaora Eva Yerbabuena ponía el dedo en la llaga en esa famosa duplicidad que impregna la discusión flamenca desde hace años.

Cuando yo era chica mi madre solía cantarnos a todas las hermanas lo que ella llamaba “coplas de pena”. Nos hacían llorar y por eso le pedíamos que se callara (aparte de que cantaba muy mal, todo hay que decirlo), que no cantara esas cosas tan tristes. Nosotras éramos de cantautores y pasábamos de coplas y sus aledaños. Pero ella insistía:

En la más influyente obra teórica que Mairena escribió, con el respaldo formal de Ricardo Molina, ya se adivina que el cantaor y estudioso del flamenco había caído en la cuenta de que Triana era, al menos, uno de los centros fundacionales del cante. Por ello, en Mundo y Formas del Cante Flamenco (1) la presencia de Triana se extiende a las descripciones de algunos cantes, sobre todo las tonás, soleares y seguiriyas, así como a la aparición de artistas de filiación trianera, por nacimiento o vivencia, la mayoría de los cuales sitúan Mairena y Molina, en ese arranque ingenuo de dividir el mundo en dos partes, del lado de la tradición y la autenticidad.

Desde hace mucho tiempo me vengo encontrando con Ignacio Sánchez Mejías. Acercarse al flamenco sin llegar a su figura es difícil, por no decir imposible. Porque es una de esas personalidades que están a la vera del arte, en ese territorio que ocupan los que han sentido el flamenco hasta el fondo, los que son hondos sin que podamos atribuirle ocupación flamenca alguna.

Su nombre no tiene el eco romántico de otros. Por eso, a veces, parece escondido y presa del olvido. Sin embargo, algunos de sus logros pueden oírse todavía en las gargantas de los artistas. Cantaora y cañaílla, María Borrico es, también, María Fernández Fernández, nacida en San Fernando en 1830, hermana del Viejo de la Isla y tía, por tanto, de Agustín Fernández Bernal, de quien parte la familia cantaora de los Melu de Cádiz.

La Bienal de Flamenco de Sevilla 2016 va a ser el acontecimiento que certifique el punto de partida más cierto para el flamenco del siglo XXI. Podría parecer una exageración, si no fuera por los datos objetivos que avalan esto que digo. El análisis del programa es suficiente para afirmarlo así.

Pete Doherty, antes de conseguir éxito y fama con The Libertines, dejó por escrito el objetivo que él y Carl Barât compartían en el mundo de la música:  "To gain a measure of immortality in the plastic bubble of popular culture. A tricky task—unless one happens to be equipped with the belief, the talent, and the fervour." (Conseguir un pedazo de inmortalidad en la burbuja de plástico de la cultura popular. Una tarea complicada, a menos que uno cuente con la convicción, el talento y el fervor para ello).

Imagen superior: Xoel López en una foto promocional de "Paramales" © Lola García Garrido 

Imagen superior: Major Lazer & DJ Snake y MØ, "Lean On" © Crispy Crust Records

En El cante flamenco, libro escrito por Ángel Álvarez Caballero, que recoge citas aportadas por Félix Grande y Anselmo González Climent, se acusa a Pepe Marchena de ser responsable de todos los males que han aquejado al flamenco por los siglos de los siglos:

Imagen superior: Florence Welch fotografiada por Norman Jean Roy para el artículo "The Vogue 120: The Stylish Singers, Designers, Actors, Models, and More (Under 45)" (Vogue, edición americana, septiembre de 2012)

Foxygen, el dúo que formaron Jonathan Rado y Sam France hace más de 10 años en California, no deja indiferente a nadie. Levantan pasiones en ambos sentidos: o te encantan o no los soportas. Mi caso es el primero, y más después de poder asistir al concierto que dieron el pasado sábado 30 de mayo, dentro del festival Primavera Sound de Barcelona. Ahora bien, muchas otras personas se fueron decepcionadas, y tenían sus razones.

Image superior © Brian Appio
Da gusto ver a Janet Weiss tocar la batería de nuevo como miembro de Sleater-Kinney. Ella misma, durante las entrevistas promocionales para presentar No Cities To Love, define el sonido de la banda como visceral. Y el adjetivo resulta acertado, tanto para sus primeros trabajos, publicados a finales de los noventa (Call the Doctor, en 1996, y Dig me Out, en 1997), como para el álbum que publican ahora, diez años después del que fuera su anterior trabajo, The Woods (2005).

Cuando un músico de rock lleva cierto tiempo en el negocio y alcanza cierta edad tiene que hacerse un Lou Reed. O, dicho de otro modo, tiene que asumir que ya no tiene edad para el lado salvaje, dejarse de subterráneos aterciopelados, de vicios y de satélites de amor.

Si están un poco al tanto de las últimas tendencias se habrán dado cuenta de que en las redes sociales, en televisión y en los clubs del país se ha impuesto un odio a lo hipster. Es decir, por las cuentas de Instagram de todo el país corren chistes sobre barbudos con camisas de cuadros a los que confunden con leñadores, e incluso han sacado unos adornos de Navidad adecuados para colgar en las abundantes barbas del individuo identificado como hipster.

Este tiempo que anuncia la llegada del invierno invita a quedarse en el sofá, tapado con una manta hasta la barbilla, y con una taza de té humeante al alcance de la mano. Mientras los días no dejan de menguar, esta época incita también al recogimiento. Y gentes de todo tipo y condición empieza a desempolvar los adornos navideños, el Belén, a pensar en veladas familiares, todo ello mientras se invoca la posibilidad de que este año toque la Lotería y de que el año que viene las cosas mejorarán.

Con más de 3 millones de copias vendidas a sus espaldas (1 millón y medio de ellas fuera de Francia), ZAZ, la artista francesa más internacional publica su tercer álbum, producido por Quincy Jones.

 
Seguro que la mayoría de ustedes se habrán encontrado en la situación, casi mágica y que desafía la lógica más fría, en la que te reencuentras con un amigo al que no ves desde hace años, y tras diez minutos de conversación, sientes que el tiempo alejados desaparece, y puedes hablar con esa persona como si la hubieras visto el día anterior. Sé que se da en contadas ocasiones. Diría que es más fácil ver un eclipse solar, y no digamos lunar. Pero en ocasiones ocurre. Y como son tan raras, son ocasiones que atesoramos.

Aunque cuando he escrito sobre música he hablado poco de pop, y me he centrado en artistas de ritmos más rock o folk, o en música más “adulta” como la de John Grant o Eels, creo que ha llegado el momento de reivindicar el pop. Todo ha venido porque un amigo me ha recordado la canción de Fangoria que dice aquello de “hagamos algo superficial y vulgar”.

A Hawk & A Hacksaw es un dúo compuesto por la violinista Heather Trost y el percusionista Jeremy Barnes (miembro original de los míticos Neutral Milk Hotel). Bajo un impronunciable nombre inspirado en el Don Quijote de Cervantes y en el patrón rítmico balcánico Aksak, el dúo firma composiciones imbuidas de las vibrantes músicas de Europa Central con una actitud más aperturista que dogmática. Y así, lejos de limitarse a un acercamiento superficial van al tuétano de la tradición.

La música gitana de los países balcánicos, es junto a otras músicas gitanas bien conocidas, una de las joyas del patrimonio musical de los pueblos gitanos y por extensión de nuestra cultura europea. Este peculiar acerbo cultural se dio a conocer, y se popularizó, gracias a las películas de Emir Kusturica o Tony Gatlif, y por los cada vez más asiduos conciertos de la llamada “gypsy world music”.

La ecléctica y singular Loreena McKennitt actuó el día 26 de abril de 2011 en Castellón, en el Auditori i Palau de Congressos. La cantante canadiense de ascendencia irlandesa y escocesa finalizó en nuestra ciudad la gira “Celtic Footprints” que, iniciada en Zúrich, le había llevado por otros 10 países además de las ciudades españolas de Murcia, Zaragoza, Barcelona y San Sebastián.

Tuvimos la oportunidad de conversar con Maribel, la mujer que cuando canta se convierte en Martirio. La cantante onubense vino al Edificio Hucha de la Fundación Caja Castellón para hablar del maravilloso momento que está viviendo la copla y compartir con nosotros la visión de la que es considerada por todos una de las grandes revolucionarias del género.

Algunos aficionados al folk a menudo justifican su pasión por esta música con argumentos de base racial y patriótica, y apelan a adjetivos como puro o genuino para calificar lo que, en esencia, no es más que la representación de la comunión entre la tierra y sus gentes. Estos lazos emocionales se fundamentan en la utilización de elementos –en este caso, instrumentos y melodías– fácilmente identificables con tal o cual lugar o con tal o cual época.

Si entendemos que arte es lo que queda cuando olvidamos cómo era la obra en sí, podría decir que para mí arte es la banda sonora de A Single Man. Aunque hace más de un mes que fui a ver la película de Tom Ford y solo recuerdo ya de ella su exquisita perfección formal, su cuidadísima estética y la sensibilidad que ha demostrado el director para narrar la historia, la cuestión es que es su música la que me persigue a todas horas y ha pasado a formar parte de mi banda sonora particular.

Traces of you se descubre como el álbum que ha inspirado las composiciones más profundas de Anoushka Shankar.