Nadie duda de que España se inscribe, por lo que tiene que ver con su tradición, con su religiosidad y con su folclore más ancestrales, en ese relato misterioso que explica, con ecos de cripta e interpretaciones heterodoxas, la historia secreta de Europa.

Con la obra literaria de William Gibson como Biblia (en especial Neuromante, de 1984) y con la revista de cómics Métal Hurlant y la película Blade Runner (Ridley Scott, 1982) como principales referentes visuales, la cultura cyberpunk tuvo su mayor auge en las décadas de los 80 y los 90, justo antes de que Internet se instalara en todas las casas y cerebros del mundo, haciendo que lo que era ciencia-ficción se convirtiese en algo cotidiano.

El 19 es un número recurrente en la obra de Stephen King. Pero que no se entusiasmen los fans del archiconocido autor de La Torre Oscura, porque esta película no tiene nada que ver con su escritor favorito.

Es habitual considerar que la miscelánea es un género subalterno de la literatura, cuando no un cajón de sastre que rehúsa ser un género. Un recopilador hacendoso busca y rebusca textos sueltos y dispersos y encuaderna con ellos un volumen.

Para el que no lo conozca, Richard Pinhas es un sofisticado guitarrista progresivo francés que lleva grabando de forma casi ininterrumpida desde 1972 y del que apenas hace un par de meses nos acaba de llegar un nuevo trabajo, Reverse (Bureau B, 25 de enero de 2017).

Barry Harris es el especialista del bebop más importante del mundo. El término bebop es una onomatopeya que alude al sonido de esas innovadoras melodías. Se desarrolló entre los años cuarenta y cincuenta, y ha supuesto mucho más que una rama dentro del jazz. Es un punto de inflexión de donde surgen los elementos que caracterizan actualmente al jazz: desde el repertorio denominado standards (comprende tanto canciones tomadas de musicales y películas como melodías instrumentales escritas por los músicos de jazz) hasta las jam sessions, que son reuniones de jazzeros en el escenario, para tocar dicho repertorio sin apenas ensayo previo, y por lo tanto, abiertas a la espontaneidad musical.

El largometraje Océanos, una cinta que han visto más de 12 millones de personas en 40 países y que ganó el premio César al mejor documental en 2011, amplía su impacto divulgativo a través de una de una ambiciosa exposición itinerante, cuyo paso por distintas capitales del mundo demuestra lo necesario que es descubrir esa prodigiosa biodiversidad que prospera bajo la superficie del mar.

Donde estamos ahora, ya sea París, Londres, o Berlín, solía estar cubierto de inmensos bosques que llegaban hasta donde alcanza la vista.