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"Predators" (2010), de Nimrod Antal

En 2010, tras dos crossovers que es mejor no tener en cuenta ‒Alien contra Depredador y su secuela‒, al fin llegó a las pantallas la tercera entrega de la saga de los cazadores interplanetarios. Predators recuperaba el suspense y los personajes duros en una película quizá no brillante, pero algo más que correcta.

Se puede decir que Wes Anderson es un director fiel a su propio imaginario. En cada una de sus historias encontramos una serie de denominadores comunes: estética simétrica y preciosista, obsesión por el fetiche retro, escenografía teatral, planos exquisitos, melancolía, humor y un viaje, ya sea interior, exterior o ambos, en el que conviven un íntimo aprendizaje e hilarantes aventuras. Desde Bottle Rocket hasta El Gran Hotel Budapest, sus fábulas se desarrollan en un mismo lugar: un mundo onírico, ficticio, irreal que con cada nueva película va ampliando sus fronteras. Esta vez la imaginación andersoniana hace hueco a un nuevo país, esculpido a partir de los países del este de Europa.



Viaje a Darjeeling (The Darjeeling Limited) proviene de tres intereses de Wes Anderson: los trenes, la India y los hermanos.

"King Kong" (Peter Jackson, 2005)



Cuando un joven neozelandés llamado Peter Jackson vio una película de los años treinta en blanco y negro significó mucho más que el típico entretenimiento del viernes noche; de hecho, cambió su vida.