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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

En estas páginas, a medias documentales y autobiográficas, examino un fenómeno que todavía carece de cierre, cual es la emigración de escritores argentinos a España, a partir de la dictadura militar de 1976–1983. Digo emigración y no exilio porque, si bien el origen fue compulsivo, no puede hablarse de exilio desde que se restauró la legalidad democrática.

Capital del Olvido

Juan Díaz de Solís creyó encontrar el paso entre ambos océanos y vio un ancho brazo de mar. Pero sus aguas no eran salobres y lo llamó de manera extravagante: Mar Dulce. Resultó un río y se lo rebautizó de la Plata. Pero tampoco era un río, sino un estuario, y no conducía a las fabulosas tierras argentíferas del Rey Blanco. No obstante, el país ribereño fue denominado Argentina.

Las logias de la libertad

Aterrorizar a treinta y pico millones de argentinos exigió a la dictadura amordazar las voces públicas, en especial las culturales. Se trataba de no llevarse todo por delante sino, más bien, de difuminar el miedo, especialmente entre quienes creían estar fuera del juego guerrilla–exterminio.

Podemos entender la historia de Argentina como una saga: una sucesión de acontecimientos y una genealogía de personajes que evolucionan en una línea de continuidad. Sin embargo, uno sale de este libro excepcional con cierta sospecha de que la crónica argentina tiene algo de eso que el matemático francés René Thom definió, allá por los años cincuenta, como la teoría de las catástrofes.

Argentine people

He leído con especial gusto el inteligente artículo de John Carlin “Himno al jugador argentino”, publicado en El País y que ronda la figura de Javier Mascherano. Para volver a Sarmiento, diría por mi cuenta que Mascherano, modelo antropológico argentino, es civilizado como un líder y bárbaro como un caudillo, que aúna la inteligencia con el carisma, la razón con la magia.

Aunque nacido y educado como porteño, hace décadas que no habito Buenos Aires y así es como la ciudad sigue siendo capaz de sorprenderme. Anoto apenas una de estas sorpresas: la cantidad de lugares urbanos bautizados con nombres de escritores. La ciudad lo merece porque uno de sus títulos universales es, justamente, es ser sitio letrado: así es como he paseado por calles y plazas que se llaman Roberto Arlt, Jorge Luis Borges, Victoria Ocampo, Julio Cortázar y Leopoldo Marechal.

Sarmiento define sus memorias con las siguientes palabras: "Mis Recuerdos de provicia son nada más que lo que su título indica. He evocado mis reminiscencias, he resucitado, por decirlo así, la memoria de mis deudos que merecieron bien de la patria, subieron alto en la jerarquía de la iglesia y honraron con sus trabajos las letras americanas".



El dictador. La historia secreta y pública de Jorge Rafael Videla, María Seoane y Vicente Muleiro, Editorial Suramericana, Buenos aires, 2001,638 pp.

Popol Vuh, de Alberto Ginastera

Importantísimo CD del sello Neos consagrado a dos obras mayores, entre ellas el imponente y póstumo Popol Vuh, del considerado por muchos como el mejor compositor que ha dado Latinoamérica.