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En estos tiempos en los que la mayor parte de nosotros vive dentro de las ciudades o a las afueras de éstas, la vida salvaje adquiere un matiz exótico, a veces casi legendario. Y sin embargo, la gran maquinaria de la naturaleza sigue funcionando, con ciclos y cambios sutiles que parecen el fruto de un milagro biológico.

Se estima que la población europea de gorrión común, Passer domesticus, ligada al ser humano desde su origen, ha caído un 63% en los últimos 30 años. El descenso del número de gorriones discurre en paralelo a la pérdida de biodiversidad urbana en las ciudades. Los científicos siguen investigando los motivos de este declive cuyas causas también podrían estar afectando a su vecino, el ser humano.

Paseando por los campos castellanos uno no llega a imaginar las maravillas que se ocultan entre sus terrones, tras las afiladas espigas de trigo o en los eriales de equívoco nombre, ya que evocan tierras sin cultivo, sin riqueza, cuando, bien al contrario, esconden joyas naturales como las aves esteparias.

Para sorpresa de todos los amantes de las aves, el hallazgo fue revelado en 2016 por el ornitólogo Rafael Bessa durante el Festival Brasileño de Birdwatching, e implicó la creación de un plan de conservación tanto para la especie como para su hábitat: el Cerrado brasileño. Los investigadores cuentan con la existencia de una población mínima de una docena de ejemplares.

Los juncos de ojo oscuro, Junco hyemalis, y los juncos de ojo amarillo, Junco phaeonotus, son gorriones de la familia Emberizidae cuya evolución ha seguido caminos muy diferentes.

A finales del siglo XVII la isla Mauricio, un pequeño pedazo de paraíso perdido en el Océano Índico, fue testigo de la extinción de uno de sus habitantes endémicos, el dodo, paradigma de la extinción provocada por el ser humano.

Se las ame o se las odie, las cotorras de Kramer han invadido Europa y están aquí para quedarse. Convertidas en habitantes habituales de muchos parques y jardines del Reino Unido, algunas de estas carismáticas aves, de un color verde brillante, se sienten tan cómodas en su nuevo entorno que llegan a posarse felizmente en nuestra mano para alimentarse.

En el mundo de las aves el color rojo tiene un significado singular. Muchas especies utilizan las partes rojas de sus picos y plumas para disuadir a los rivales, atraer a sus parejas e incluso influir en la selección sexual, pues esta tonalidad denota una mayor calidad individual.

Cuando en el siglo XVI los europeos llegaron a la isla Mauricio en el océano Índico se encontraron con un ave torpe, que no podía volar y que por lo tanto era fácil de cazar. Hasta la llegada de los europeos a la isla, el dodo, como lo denominaron los portugueses –‘estúpido’ en portugués–, no había tenido contacto con el ser humano, por lo que no lo veía como una amenaza.

Una de las historias más conocidas de la mitología griega es la del vuelo de Dédalo y la caída de Ícaro. Dédalo, uno de los inventores más talentosos de su época, había cobrado fama por el diseño del laberinto de Creta, ordenado por el rey Minos para contener en su interior al grotesco Minotauro: el espantoso monstruo mitad bestia y mitad humano, fruto de los amores de la esposa de Minos con un portentoso toro blanco.