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Mike Mignola es hoy famoso gracias a una creación propia, Hellboy, una serie de aventuras, terror sobrenatural y misterio en la que no sólo alcanzó la cima de su pericia artística y encontró la senda temática y conceptual que mejor casaba con sus intereses, sino que logró que el peculiar personaje traspasara los límites del medio gráfico, saltando a los videojuegos o el cine.

La esfinge de la muerte prefiere robar la miel de los panales a libar el néctar de las flores. Es el único lepidóptero capaz de emitir un sonido que podemos percibir los humanos. En la cultura popular se considera un insecto de mal agüero. Ha llamado la atención de pintores como Salvador Dalí, cineastas como Luis Buñuel y Jonathan Demme, y escritores como Edgar Allan Poe y Bram Stoker, el autor de Drácula. Para verla sólo tienes que visitar el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC).

Existe un rumor según el cual el escritor Bram Stoker quiso resucitar al conde Drácula para escribir una segunda parte de su famosa novela. Esta es una cuestión que posiblemente será una eterna incógnita y se sustenta en un fragmento eliminado al final del libro.

La película Drácula (1931), de Tod Browning, es un título de la Universal Pictures de suma importancia dentro de la Historia del Cine y, en particular, del género fantástico. Tiene los honores de haber sido una de las primeras producciones fantásticas de la época sonora, y es la primera película norteamericana que presenta la figura del vampiro, partiendo de la novela de Bram Stoker.

Al igual que otras obras de la escuela expresionista, Nosferatu ‒sobre cuya producción ya les hablé en un artículo anterior‒ también delata un trasfondo que podemos vincular con el ocultismo y la magia.

El escritor H.P. Lovecraft, el genio de Providence, sentenció que la emoción más fuerte de la humanidad es el miedo. Está claro que la industria del cine, nacida en los umbrales del siglo XX, no perdió la oportunidad de entretener a los espectadores por medio de ese sentimiento. Y lo mismo ocurrió con el público, siempre dispuesto a pagar una entrada para que lo asustasen.

Volver a una novela como Drácula tras años de olvido, equivale a caer de nuevo en el asombro… y en el escalofrío. No en balde, su autor, Bram Stoker, cambió el rumbo de un género que, gracias a él, llegó a la edad adulta. Con todo, en casos como éste, quien triunfa es el personaje, no el escritor.

En numerosos artículos y biografías, se retrata a Bram Stoker, el autor de Drácula, como un maestro del esoterismo. Como ahora veremos, esto es rigurosamente falso. Tan falso como esa leyenda que cuenta cómo Stoker gritaba en su lecho de muerte “¡Strigoi, strigoi!” ("¡Vampiro, vampiro!").

Después de publicar Drácula, a su autor, Bram Stoker le faltaban fuerzas para acometer proyectos igual de exigentes. El resto de sus días fue un periodo de decadencia. Las deudas contraídas por el actor Henry Irving, de quien era representante, obligaron al famoso intérprete a vender su teatro, el Lyceum, a un consorcio de accionistas.

Al conocer la existencia de Bela Lugosi, llama la atención la bruma en que se ve envuelta su vida, con independencia de qué autor la estudie. Y es que no existe una biografía definitiva del actor húngaro. De hecho, sorprende que aún se difunda la superchería de que creía ser Drácula en sus últimos días. Incluso llega a repetirse que dormía en un ataúd y que dispuso ser enterrado con ropajes de vampiro cuando falleciera.