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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

¿En qué momento Conan se convirtió en el arquetipo del héroe bárbaro? Probablemente mucho después de que Robert E. Howard ideara sus aventuras, en unos tiempos en los que la Depresión golpeaba el espíritu de América con la fuerza de un mazo de herrero.

Las crónicas de Conan nº 25

A mediados de los ochenta, los seguidores de Conan se encontraron con una sucesión creativa que dio un nuevo rumbo estético al personaje. Ese cambio se hace notar en este volumen, cuyo primer tramo cuenta con la maestría del dibujante John Buscema, que cede luego los lápices a Val Semeiks.

Conan el Vengador nº 1

Entre trago y trago de hidromiel, Conan el cimmerio se granjea enemigos en las alturas, empeñado en romper profecías, desenmascarar encantamientos y medirse con el hacha o el mandoble frente a los guerreros más sanguinarios. Su estereotipo ‒el de los relatos de su creador, Robert E. Howard‒ enriquece la tradición de la literatura pulp con un subgénero, el de la espada y brujería, que ha tenido buena fortuna en el campo del tebeo.

John Milius llevó a la pantalla en 1982 las andanzas del cimmerio Conan creadas por Robert E. Howard. El resultado: una de las películas más excitantes, salvajes y ambiguas de la historia del celuloide.

Las Crónicas de Conan nº 22

Imaginativa, épica, repleta de magia y, para el resto del mundo, brutal y hasta primaria. Allá ellos. Así de sencilla es la fantasía heroica, un subgénero cuyo héroe por antonomasia, Conan, nació de la desquiciada pluma de Robert E. Howard.

A comienzos de los ochenta, Conan Rey supuso una interesante novedad entre los cómics protagonizados por el cimmerio. La intriga palaciega y las responsabilidades familiares adquirían un mayor peso en los relatos del bárbaro, que no obstante, aún conservaban una rotunda dosis de épica y magia, fieles a la tradición iniciada por el padre de la criatura, Robert E. Howard.

Conan: Los fantasmas de la Costa Negra

No recuerdo exactamente cuándo y donde conocí a este cimmerio. Podría aventurar que fue leyendo alguna de las recopilaciones de Robert E. Howard publicadas por Bruguera, o quizá hojeando un desgastado ejemplar de La Espada Salvaje de Conan. De lo que sí estoy seguro es que, desde entonces, Conan el bárbaro forma parte de mi imaginario personal, y cada vez que alguien me pregunta cómo se pueden hacer compatibles sus peripecias con la lectura de Borges o de Nabokov, saco a relucir aquella disparatada afirmación de Jardiel Poncela: “Prefiero una página de Julio Verne traducida por un analfabeto a toda la Ilíada recitada por Homero en persona”.

Conan Rey. El Fénix en la Espada

Todo lo bueno que dijimos sobre Conan Rey: La Ciudadela Escarlata es aplicable a este nuevo cómic, de los mismos brillantes autores, y que adapta, en esta ocasión, la primera historia protagonizada por el célebre cimmerio.

Las Crónicas de Conan nº 21

 
En torno a 1983, los editores de la saga de Conan habían encontrado un truco para evitar que los lectores echasen de menos a Roy Thomas. Para empezar, recurrieron a un guionista con notable habilidad para los enredos pulp, Michael Fleisher, y reforzando la oferta, mantuvieron al gran John Buscema como dibujante titular de la serie.

Las Crónicas de Conan nº 20

No es cierto que los tebeos sean un divertimento inocuo. Cuando uno se sumerge en los cómics de Conan, ceñidos por las reglas férreas de la fantasía heroica, sufre en su mente el impacto de pasiones muy juveniles: la aventura, la sensualidad, la autosuficiencia... De repente, las debilidades se desvanecen, y como el cimmerio, creemos que cualquier problema tiene solución a golpe de hacha o con el tajo de una espada.