Miguel Delibes de Castro (Valladolid, 1947) (1), doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid, es Profesor de Investigación en el Departamento de Biología de la Conservación de la Estación Biológica de Doñana (EBD, CSIC), de la que fue director desde 1988 hasta 1996.

Desde que en sus tiempos de estudiante de medicina en la Universidad de Valladolid en los años 50 comenzara a adentrarse en el mundo de la cetrería, hasta su muerte en un accidente de aviación durante el rodaje de un documental en Alaska, Félix Rodríguez de la Fuente (1928-1980) desarrolló una ingente actividad en muy diferentes, aunque interrelacionados, campos profesionales.

El lobo es un animal que levanta pasiones, se organiza en manadas que establecen relaciones complejas y en nuestra sociedad se convirtió en un símbolo de la conservación ambiental gracias al trabajo de personas como Félix Rodríguez de la Fuente.

Recuerdo haber cruzado el umbral de un bosque cuando sus criaturas eran sólo pinceladas de acuarela. Josechu Lalanda (1939-2015) había creado esa fronda con su arte, pero gracias a la fantasía, no era difícil avanzar por sus sendas más intrincadas y sugerentes, captando así unas sensaciones que me aguardaban en la vida real.



El 14 de marzo de 1980 murió Félix Rodríguez de la Fuente en un accidente de avioneta. Se encontraba en Alaska filmando una carrera de trineos tirados por perros. Ese mismo día había cumplido 52 años. Natural de Poza de la Sal (Burgos), desde niño escuchaba con fascinación los cuentos en los que el lobo aparecía siempre como enemigo del hombre. Todo cambió cuando con doce años su padre le regaló unos prismáticos y lo invitó a participar en una batida por el monte. Fue entonces cuando contempló por primera vez al temido carnívoro y cuando descubrió en él un animal de gran belleza, inteligente y noble. Su hija pequeña, Odile, a quien entrevistamos a continuación, preside desde 2004 la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, una institución creada para conservar y difundir su legado.