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"Pulp Fiction" (Quentin Tarantino, 1994)

El fenómeno se llamó Pulp Fiction, e impactó en los cines en 1994. "Quedamos boquiabiertos –dice el realizador Kevin Smith–, convencidos de que habíamos visto algo genial. Pulp Fiction era genial sin ningún esfuerzo, una película que había que ver y recomendar a la gente; al verla, te sentías parte de algo".

Se puede decir que Wes Anderson es un director fiel a su propio imaginario. En cada una de sus historias encontramos una serie de denominadores comunes: estética simétrica y preciosista, obsesión por el fetiche retro, escenografía teatral, planos exquisitos, melancolía, humor y un viaje, ya sea interior, exterior o ambos, en el que conviven un íntimo aprendizaje e hilarantes aventuras. Desde Bottle Rocket hasta El Gran Hotel Budapest, sus fábulas se desarrollan en un mismo lugar: un mundo onírico, ficticio, irreal que con cada nueva película va ampliando sus fronteras. Esta vez la imaginación andersoniana hace hueco a un nuevo país, esculpido a partir de los países del este de Europa.



Thelma Dickinson (Geena Davis) es un ama de casa que vive una existencia anodina y nada gratificante junto a Darryl, su marido, un machista redomado detestable que la trata como a una niña.



Keith Carradine y Harvey Keitel protagonizan esta soberbia película sobre dos oficiales del ejército de Napoleón, violentamente enfrentados el uno contra el otro en una serie de duelos a muerte.