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La carrera de Wells como escritor fue longeva, extendiéndose desde finales del siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial. Sus libros lo convirtieron en uno de los personajes más famosos del mundo.

En los años treinta, los estudios Universal fueron los líderes indiscutibles del género de terror con tintes de ciencia-ficción. Pero no fueron los únicos en cultivar este tipo de películas. De hecho, uno de los films más recomendables de esa tendencia fue esta adaptación de la Paramount de la clásica novela de H.G. Wells, La isla del Dr. Moreau (1896), en la que el tema del científico demente e irresponsable se mezclaba con la manipulación genética –aunque ese concepto era desconocido entonces– mezclando humanos y animales con consecuencias poco edificantes.

La Guerra de los Mundos (1898) ha sido considerada parte del canon literario occidental durante más de un siglo, superando con creces el marco histórico que la vio nacer. Pionera del romance interplanetario, su historia continúa atrayendo a los lectores gracias, al menos en parte, a que puede abordarse como un sencillo relato de aventuras en la que los humanos luchan valerosamente (y triunfan) contra un enemigo aparentemente invencible.

"Hombres como dioses" (1923), de H.G. Wells

Tras La liberación mundial (1914), la ciencia-ficción fue empujada fuera de la escena literaria por la Primera Guerra Mundial, un conflicto que provocó carnicerías a una escala que pocos aparte de Wells podían presumir haber profetizado. A medida que la catástrofe se agigantaba, redobló sus esfuerzos haciendo campaña a favor de un acuerdo pacífico capaz de garantizar la estabilidad global. La Liga de las Naciones y, más tarde, las Naciones Unidas, le deben algo a la insistente propaganda de Wells. Su creciente desconfianza no tanto hacia el ser humano como hacia el modelo político, social y ético vigente, se reflejaba claramente en sus obras de esta época.

“Damas y caballeros, interrumpimos nuestro programa musical para dar un boletín especial”, anunció el locutor después del tango "La cumparsita". “¡Los marcianos han aterrizado en Nueva Jersey!”. Así comenzaba el parte informativo con el que la compañía de radioteatro de Orson Welles traspuso a las ondas La Guerra de los Mundos, la novela del escritor británico H.G. Wells.

Edward Shanks fue un autor inglés que se aplicó en los más diversos campos literarios: novela, poesía, crítica literaria y periodismo, además de trabajar como editor de una publicación. The People of the Ruins fue, sin embargo, su única incursión en el género de la ciencia-ficción.

El profesor Samson Cavor (Hector Abbas) es un anciano inventor que ha descubierto la cavorita, una sustancia capaz de neutralizar la atracción gravitatoria. Acompañado por el especulador Rupert Bedford (Lionel d'Aragon), viaja a la Luna a bordo de una esfera recubierta por ese fantástico elemento.

Resulta curioso que en un género como la ciencia-ficción, que, al menos en parte, puede definirse por oposición a lo religioso y místico, esté tan presente una figura tan querida a la religión como es la del mesías.

The Night Land es uno de los libros de ciencia-ficción más peculiares que se hayan escrito jamás. Su autor, el británico William Hope Hodgson, pertenecía al círculo de escritores eduardianos (George MacDonald, Arthur Machen, Lord Dunsany o David Lyndsay) que al final del movimiento prerrafaelista, afectados por el clima de inestabilidad europea y huyendo de la sociedad industrializada, impulsaron el género fantástico.

La Primera Guerra Mundial estalla en 1914, pero la tragedia se venía respirando desde mucho antes. En esta revista hemos visto múltiples ejemplos de novelas que se hacían eco, predecían o contribuían al ambiente prebélico: fue la época en la que floreció el subgénero de las Guerras Futuras.