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El Universo DC de Mike Mignola

¿Es recomendable este tomo recopilatorio? Sin duda, lo es. Nos hallamos ante un volumen sumamente atractivo que (casi) contiene todas las obras en las que Mike Mignola trabajó por encargo de DC. Esa ambición editorial convierte a este libro en una de esas novedades que cualquier admirador del padre de Hellboy debería atesorar en su biblioteca.

"Black Kiss" (1988), de Howard Chaykin

A mediados de los años ochenta el panorama del comic-book norteamericano seguía bebiendo del espíritu nacido dos décadas atrás. Los cómics underground, de la mano de Robert Crumb, Gilbert Shelton o Harvey Pekar libraban su propia guerra desde los años sesenta, pero su distribución siempre fue limitada. Marvel Comics –y, en menor medida, DC– habían realizado tímidos intentos de maduración en los setenta, pero todos aquellos tanteos en el cómic adulto no llegaron a fructificar y en su mayor parte los comic-books mainstream seguían estando dirigidos a un público preadolescente o adolescente.

El personaje de La Sombra fue uno de los abuelos del género superheroico. Nacido originalmente en 1930 como un serial radiofónico, su popularidad no tardó en trasladarlo a otros formatos, el literario primero –en las revistas pulp de la época, luego en novelitas baratas–, el cine y el cómic después.

"Blackhawk" (1987), de Howard Chaykin

Con las naciones del mundo occidental enzarzadas en un conflicto global, las aventuras de superhéroes combatiendo científicos locos y gangsters parecían fuera de lugar. Después de que en 1940 los periódicos narraran la caída de Francia y la Batalla de Inglaterra, la guerra entró a formar parte de los argumentos de los cómics, más aún cuando en 1941 Estados Unidos inició su participación en ella.

Chaykin ha trazado su propio camino. Devoró narrativa policiaca y fue amante del jazz antes de vender su primer cómic. Admiró a ilustradores como Robert Fawcett y Al Parker. Y sobre todo, siempre ha dejado que su estilo como dibujante se sitúe en el lado oscuro de la vida.

Howard Chaykin

Chaykin ha trazado su propio camino. Devoró narrativa policiaca y fue amante del jazz antes de vender su primer cómic. Admiró a ilustradores como Robert Fawcett y Al Parker. Y sobre todo, siempre ha dejado que su estilo como dibujante se sitúe en el lado oscuro de la vida.