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Obras al acecho

A veces vale la pena atravesar las oscuridades, afectaciones y pedanterías de Theodor W. Adorno para hallar ocultas perlas de su pensamiento, como él podría haber dicho. Recupero una de ellas: “Toda gran obra aguarda”. Comento: toda gran obra está al acecho y así se mantiene a lo largo del tiempo. ¿Cuánto de largo? Pongamos que unos cuantos siglos. ¿La eternidad? Nadie la ha experimentado aunque, en ocasiones, ciertas músicas nos sugieren, fugaz y paradójicamente, que la hay. No que existe, porque existir sólo se existe en el tiempo y la eternidad, es de suponer, está fuera de él. Ni antes ni después sino fuera.

Biografía de un piano

Se lo ha comparado con una bañera, un sarcófago, una nave, una máquina mágica que oculta un alma capaz de darle vida orgánica. Es un piano de cola.

En aquellos años en los que aún coleccionábamos elepés, el libro Gödel, Escher, Bach. Un eterno y grácil bucle, de Douglas R. Hofstadter, nos descubrió que la música podía ser estudiada desde un ángulo multidisciplinar, con un efecto aún más satisfactorio si la ciencia contribuía a dicho análisis.

Por si faltaran pruebas a la profundidad de la obra bachiana –profundo es lo que carece de fondo– he aquí otra adaptación moderna de sus Variaciones Goldberg. Concebidas originalmente para teclado, se las ha transcrito para orquesta reducida y para órgano. Los resultados no pueden ser más dispares y subrayan la riqueza de sugestiones que atesora la obra. En un caso suena como una doble suite barroca, en el otro alcanza una majestuosidad catedralicia.

Por si faltaran pruebas a la profundidad de la obra bachiana –profundo es lo que carece de fondo– he aquí otra adaptación moderna de sus Variaciones Goldberg.