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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Apuntes cortazarianos

Cortázar ha proclamado en distintas épocas su deuda con el surrealismo. En 1949 escribió en una revista porteña llamada, por paradoja, Realidad: “El vasto experimento surrealista me parece la más alta empresa del hombre contemporáneo como previsión y tentativa de un humanismo integrado.

Cortázar y Thomas Mann

Cabe leer en paralelo El perseguidor (1959) de Julio Cortázar y Doktor Faustus (1947) de Thomas Mann, no en busca de improbables influencias sino de sugestivos parecidos.

El músico, ese perseguidor

¿Es la música un lenguaje? Si lo es, la relación con la escritura está servida. Mejor dicho: cantada. Los especialistas ya han desbrozado el tema. La música, como el lenguaje verbal, posee sintaxis, gramática y, de aquella manera, también semántica. Si admitimos que el discurso musical, muy esquematizado, tiene un elemento horizontal o melódico y un elemento vertical o armónico, podemos adjudicar al primero una índole sintáctica y al segundo, otra gramatical.

Rayuela

Jugar es inventar una regla del juego, pero el juego cortazariano está muy determinado por reglas muy claras, de una elegante y persuasiva rigidez. La gratuidad de su fantasía tiene que ver con otra cosa, con la gracia del humorista, que se ríe de lo más trágico y con la perdida Gracia de los dioses muertos.

Casas ocupadas

En una ciudad tan activa como la Ciudad de México, cada manzana ostenta cuando menos una propiedad en venta. Las agencias de bienes raíces han proliferado, y sus anuncios, aunque diversos en diseño, comparten casi todos una torpeza lingüística: "Se vende previa cita".

Falsarios anónimos

Cuenta Phillip Ball en Curiosidad cómo Adelardo de Bath se quejaba no ya de la falta de originalidad de sus contemporáneos, sino de su carencia de deseo de serlo, hasta el punto de que si se les ocurría una idea nueva se la atribuían a una Autoridad o autor consagrado por la tradición:

Boom-boom

A cuento de algunas fechas –los centenarios de Octavio Paz, Julio Cortázar y Adolfo Bioy Casares, la muerte de García Márquez– se sacó a relucir el asunto del boom literario latinoamericano de los años sesenta. Tanto los medios académicos como el periodismo diario siguen hablando de él. Algunos intentaron, hasta ahora sin mayor consecuencia, hacer circular un post-boom. Se dice que de tanto mentar algo, la magia creadora de la palabra acaba otorgándole realidad. Pero la realidad tiene también aspectos irreales o, como se decía el siglo pasado, surreales.

Volviendo a Cortázar

Con el centenario de Julio Cortázar sufrí un episodio de inverosimilitud. En efecto, me parece inverosímil que ese muchachón con inmutable aspecto de adolescente pudiera arrugarse como suele ser la costumbre de los ancianos centenarios. Por eso, quizá, me he puesto a recordar una historia, mínima si se quiere, de sus lecturas. Debo usar la primera del singular. El que avisa no es traidor. A pesar de mi costumbre –la crítica literaria– paso a creerle a mi memoria como el lector creerá a mis palabras. En el fondo de esta maleta hay viejos papeles, libros desencuadernados, letras grises sobre fondos amarillentos.

El caso Felisberto

El 13 de enero de 1964 murió Felisberto Hernández, escritor y músico uruguayo nacido en 1902. Puede corregirse la serie y decir: músico y escritor. En efecto, lo que Felisberto hizo con mayor frecuencia fue tocar el piano, primero en las salas de cine mudo, luego en conciertos de teatros y estudios de radio. Además, dejó una noveleta sobre su maestro Clemente Colling y una serie de esbozos de cuentos, textos inconclusos y apuntes que se han publicado bajo diversos títulos. Los más reconocibles son Nadie encendía las lámparas y Las hortensias.

"Escritores del futuro", de Luis Gregorich

Escritores del futuro. Notas sobre literatura y teatro, Luis Gregorich, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1995, 142 pp.