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Hay que admitirlo: Wes Anderson es un cineasta tan personal que, quizá sin proponérselo, parece que en todos sus proyectos persigue una originalidad desatada. Incluso cuando esa extrañeza parece excesiva, se puede disculpar su actitud al intuir que, en buena medida, es sincera. En otras palabras, Anderson domina un estilo ‒definido por el tono, la meticulosa puesta en escena, la paleta de colores y el tejido de relaciones interpersonales‒ que ya le sirve de firma, y que nos permite observar toda su filmografía como si fuera una estructura orgánica y unitaria.

La protagonista suele ser una chica guapa, pero no espectacular, para que las lectoras/espectadoras se puedan identificar. Una chica más bien normal cuyo amor es disputado por un chico sensible y un mozo sexy. Además, la heroína siempre encabeza una rebelión contra un sistema opresor formado por adultos de la edad de sus padres.

En la nueva película de John Turturro todo parece estar sacado de una película de Woody Allen de los años setenta: la música de jazz, las calles de Nueva York, el retrato a la comunidad judía, la presencia del propio Woody Allen… y en un principio, podemos llegar a pensar que estamos ante una especie de comedia-homenaje que augura grandes dosis de diversión y sutilezas, inspirada en el aura de inestabilidad emocional y el prisma cómico de Annie Hall.



La profecía es un thriller contemporáneo basado en el filme de 1976 del mismo título, un clásico de culto distribuido por Twentieth Century Fox y protagonizado por Gregory Peck y Lee Remick, bajo la dirección de Richard Donner.



En otoño de 2004, Edward Norton llamó por teléfono a Naomi Watts —una vez más— para convencerla de que interpretara el papel de Kitty Fane en El velo pintado. Esta vez, estaba decidido a reclutar a la actriz; desde hacía cinco años, Norton, el guionista Ron Nyswaner y la productora Sara Colleton venían trabajando en una adaptación de la novela de W. Somerset Maugham de 1925, que esperaban conseguir producir finalmente.