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Por muchos motivos, la franquicia Kingsman me recuerda el humor extremo que caracterizaba a varios de los Bond alternativos que surgieron en los sesenta, en particular Derek Flint (James Coburn), el protagonista de Flint, agente secreto (1966).

Crítica de "Kick-Ass 2" (2013)

Antes del advenimiento de los videojuegos, la palabra violencia era empleada por los cinéfilos desde dos puntos de vista: la del moralista que denunciaba su excesiva presencia en la pantalla (aun admirando a Peckinpah) y la del observador que la relativizaba con el mismo desdén con el que uno mira las heridas del Coyote en su eterna persecución del Correcaminos. Durante la proyección de Kick-Ass 2: Con un par, uno transita entre ambas posturas, básicamente porque el resto –el guión, las actuaciones, la puesta en escena...– viene a ser la rutinaria combinación entre un concurso de cosplay, una mala comedia estudiantil y una bronca de bar.


En X-Men: Primera generación (X-Men: First Class), Matthew Vaughn exhibe con vigor y soltura unas formidables cualidades narrativas. Vista en la oscuridad de un patio de butacas, su película sobrepasa las expectativas que despierta la típica superproducción veraniega, y nos sorprende con la fuerza de un thriller certero, inteligente y de elevada temperatura.

"Kick-Ass", de Matthew Vaughn



¿Qué es lo que lleva a un adolescente a dedicarse a una causa –transformarse en superhéroe– con tanta devoción como para acabar en la cama de un hospital?