La saga Alien nos fascina, eso es indiscutible. Proporciona, en dosis parecidas, terror, aventuras espaciales y reflexión filosófica, y encima lo consigue con una estética inimitable. Sólo por eso ‒háganme caso‒ merece la pena dejarse llevar por el nuevo episodio de la franquicia, Alien: Covenant.

Alien: el octavo pasajero (1979) es un clásico indiscutible de la ciencia ficción, uno de los tres o cuatro films más copiados de toda la historia del género.

En los albores del moderno cine de superhéroes, la escasez de oferta nos permitía desplegar un entusiasmo que ahora, gracias a la consolidación de este subgénero, podemos moderar en mayor grado. En este sentido, aunque X-Men: Apocalipsis sea una cinta entretenida y grata de ver, se ve condicionada por la proliferación de títulos de la misma naturaleza que se han ido acumulando en nuestra cartelera y en nuestra memoria inmediata.

“La vida no es más que una sombra en marcha; un mal actor que se pavonea y se agita una hora en el escenario y después no vuelve a saberse de él: es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada".

Si hemos de hacer caso a su biógrafo oficial, Walter Isaacson, el cofundador y presidente ejecutivo de Apple, Steve Jobs, no fue un modelo como jefe ni como ser humano, pero su historia, " a la vez instructiva y aleccionadora, está llena de enseñanzas sobre la innovación, los rasgos de la personalidad, el liderazgo y los valores". Inspirándose en el espléndido libro de Isaacson, el guionista Aaron Sorkin se apropia de esa descripción y nos regala un fascinante retrato de Jobs, puesto en imágenes gracias a la electrizante puesta en escena de Danny Boyle.

En el arco argumental Días del futuro pasado (Days of Future Past, "The Uncanny X-Men" nº141-142, enero-febrero de 1981), los creadores que se encargaban de tramar nuevas aventuras para la Patrulla X, Chris Claremont y John Byrne, tuvieron una brillante idea. Plantearon una distopía futura en las que los mutantes eran eliminados o trasladados a campos de concentración, e idearon asimismo una solución. En ese magnífico tebeo, la Kitty Pryde del futuro viaja telepáticamente al presente (1980) para prevenir junto a sus camaradas esa tragedia que aún está por llegar. El concepto del Multiverso, con sus distintas líneas históricas, es bien conocido por los lectores de los cómics Marvel, así que a nadie le sorprendió que Kitty fuera capaz de este salto interdimensional.

Pocos meses después del acercamiento tangencial (como todo lo que hace) de Tarantino a la época de la esclavitud en el Sur de estados Unidos (Django desencadenado, 2013), se estrena la película cuyos responsables quieren que sea definitiva, la última palabra en el tratamiento cinematográfico de aquellos años de indignidad para la especie humana.

A medida que pasan los años, crece el prestigio del octogenario escritor norteamericano Cormac McCarthy, natural de una ciudad media como Providence, en un estado del Este como Rhode Island, pero vecino de una ciudad fronteriza como El Paso, en un estado periférico como Texas.

Crítica de "Jane Eyre" (2011)



 
Desde los tiempos del cine mudo Jane Eyre, la emblemática novela de Charlotte Brontë –publicada en 1847 bajo el pseudónimo de Currer Bell–, ha sido adaptada profusamente al celuloide. Una de las versiones más famosas fue, sin duda, la de 1943. Dirigida por Robert Stevenson y protagonizada por Joan Fontaine y Orson Welles, Alma rebelde sigue siendo –aún hoy– una de las interpretaciones más notables del original literario.

Allá por mediados de los ochenta, el dramaturgo, guionista y director de cine Christopher Hampton comenzó a recopilar material para un posible guion sobre los primeros pasos del psicoanálisis. Finalmente todo este trabajo cristalizó unos cuantos años más tarde en una obra teatral que trasladaba a los escenarios las tortuosas relaciones entre Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, Carl Jung, un doctor en los inicios de su carrera fascinado por las posibilidades que abre este método revolucionario y Sabina Spielrein, una mujer brillante que desempeñaría un papel fundamental en el desarrollo de las teorías psicoanalíticas. The Talking Cure se estrenó en las tablas londinenses a finales de 2002 con Dominic Rowan¹, Ralph Fiennes y Jodhi May interpretando respectivamente a los tres personajes principales.