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Hace unos años, llegó a las librerías Soldados a caballo (Horse Soldiers: A True Story of Modern War, 2009), de Doug Stanton, la narración periodística de una aventura real, protagonizada en el Afganistán de los talibanes por un equipo de agentes de la CIA y soldados de las Fuerzas Especiales, en alianza con combatientes afganos de la Alianza del Norte.

Los espectadores que, desde la butaca, se sumerjan con Guillermo del Toro en La forma del agua, han de rescatar dos cualidades que hoy empiezan a perderse: el sentido de la maravilla ‒o si lo prefieren, cierta ingenuidad ante la magia y el romanticismo‒ y una cinefilia de la vieja escuela, es decir, vinculada al Hollywood dorado de los grandes estudios.

 ¿Se puede hoy en día hacer un western futurista que no remita al spaghetti western? Al parecer, sí, porque Young Ones no es tanto una cinta de tiros o personajes extravagantes como un western clásico: un melodrama rural en el que los colonos del Far West son sustituidos por granjeros intentando sobrevivir en una región asolada por una larguísima sequía.

Hay películas más fáciles de defender que otras. Machine Gun Preacher, de Marc Forster, dispone de dos ventajas en este sentido: su premisa –las historia real de un motorista que acaba convertido en rudo misionero– y su reparto, encabezado por Gerard Butler, Michelle Monaghan y Michael Shannon. Por desgracia, el producto final resulta previsible y decepcionante.