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Los espectadores que, desde la butaca, se sumerjan con Guillermo del Toro en La forma del agua, han de rescatar dos cualidades que hoy empiezan a perderse: el sentido de la maravilla ‒o si lo prefieren, cierta ingenuidad ante la magia y el romanticismo‒ y una cinefilia de la vieja escuela, es decir, vinculada al Hollywood dorado de los grandes estudios.

 ¿Se puede hoy en día hacer un western futurista que no remita al spaghetti western? Al parecer, sí, porque Young Ones no es tanto una cinta de tiros o personajes extravagantes como un western clásico: un melodrama rural en el que los colonos del Far West son sustituidos por granjeros intentando sobrevivir en una región asolada por una larguísima sequía.

Hay películas más fáciles de defender que otras. Machine Gun Preacher, de Marc Forster, dispone de dos ventajas en este sentido: su premisa –las historia real de un motorista que acaba convertido en rudo misionero– y su reparto, encabezado por Gerard Butler, Michelle Monaghan y Michael Shannon. Por desgracia, el producto final resulta previsible y decepcionante.