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"Mujeres de ciencia", de Rachel Ignotofsky

El libro Mujeres de ciencia relata las andanzas de 50 pioneras que debieron superar los obstáculos, la discriminación y el ninguneo de las academias. Su autora, Rachel Ignotofsky, expresa su “esperanza de que anime a niñas y mujeres a dejarse llevar por sus pasiones y sueños”. Este homenaje ilustrado, sazonado de datos, gráficos y hechos curiosos, es estimulante para chicas y chicos. También ellos requieren modelos femeninos positivos, si queremos librarles de prejuicios misóginos.

Es uno de los referentes de la ciencia en España. Discípula de Severo Ochoa en su laboratorio de Nueva York, retornó en los años 60 a España para introducir el incipiente campo de la biología molecular. Margarita Salas (Canero, Asturias, 30 de noviembre de 1938) descubrió algunos de los secretos del ADN, desarrolló la patente más exitosa en la historia del CSIC y ahora, recién cumplidos los 80 años, sigue trabajando en su laboratorio del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, en Madrid.

Manuela Tomasa Sánchez de Oreja, la Gran Piscatora Aureliense, es la primera española autora de un tratado astrológico. En 1741 recibió licencia del Consejo de Castilla para publicar su Teatro de Signos y Planetas. Pronóstico y diario general de quartos de Luna, juicio de los acontecimientos naturales y políticos de la Europa y otras partes para el año de 1742. Y ahí aparece, en la portada de su Pronóstico, con su telescopio, su compás, su esfera armilar... todos los instrumentos propios para interpretar los orbes celestes.

Maria Gordon fue una geóloga y paleontóloga que puso patas arriba varias cosas en su época. La más conocida fue la idea que se tenía de cómo se habían formado las Dolomitas, un conjunto de montañas al sur del Tirol, en los Alpes.

El elemento 109

En marzo de 1998, la revista Investigación y Ciencia publicó un artículo sobre Lise Meitner, codescubridora de la fisión nuclear e ignorada por el jurado de los premios Nobel.

Aunque lamentablemente solo ocurrió en algunos países de Europa, durante la Ilustración muchas mujeres alcanzaron parte del protagonismo que tradicionalmente se les negaba.

"Este caso ‒escriben José Antonio Marina y María Teresa Rodríguez de Castro en La conspiración de las lectoras‒ comenzó con un comentario que me hizo Carmen Martín Gaite una tarde que conversábamos en mi jardín. Carmiña era una estupenda conversadora, capaz de convertir cualquier cosa en una aventura excitante. Recuerdo el divertido pasmo con que le oí contar sus peripecias en un gélido Archivo de Simancas, mientras buscaba documentación para su libro sobre Macanaz. Hasta tal punto me interesó la historia, que la animé a escribir un relato y titularlo: El rastro del muerto. Había, sobre todo, un misterioso «asunto del chocolate», que ese personaje citaba varias veces en su copioso epistolario, y que tenía en la narración de Carmen un aura tragicómica intrigante".

Un laboratorio de hechicera

Dicen, quienes saben, que La Celestina se nota que es una obra escrita por un hombre, porque incluye un conjuro que, al parecer, sólo es cosa de hombres, porque sólo los hombres sabían leer y eran los únicos capaces de practicar la llamada "magia erudita", es decir, aquella que leían en los grimorios, que eran los libros donde se enseñaban estas cosas de invocaciones y círculos mágicos trazados con cuchillos...

En 1587 se publicó en Madrid Nueva Filosofía de la Naturaleza del Hombre. Su autora, Oliva Sabuco de Nantes Barrera, dedica la obra al rey Felipe II y explica que trata:

Beulah Louise Henry (1887-1973)

Inventora y empresaria estadounidense completamente autodidacta, responsable de unas 110 invenciones y 49 patentes, razón por la que fue conocida con el apelativo de “Lady Edison”, en analogía con el prolífico Thomas Alva Edison (1847-1931), autor a su vez de más de un millar de inventos.