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La colección de Ictiología del Museo Nacional de Ciencias Naturales alberga más de 360.000 ejemplares de 2.350 especies diferentes. Es la colección de vertebrados más grande del MNCN y no para de crecer. Su origen se encuentra en la fundación del museo en el último tercio del siglo XVIII, por lo que custodia ejemplares históricos muy valiosos. Puede considerarse la mejor colección del mundo de peces de agua dulce de los países del Mediterráneo. Gema Solís Fraile es su conservadora y en esta entrevista nos desvelará qué hay en la trastienda de esta colección y su importancia científica.

Son testigos de otra época, cuando los lobos eran comunes en los montes peninsulares. En 1964, un autor anónimo certificaba la supuesta desaparición del lobo en los montes de La Mancha (Ciudad Real), lugar de donde proceden estos lobos. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) exhibe este espléndido montaje de los hermanos Benedito en el centro de la sala dedicada a la fauna ibérica.

En el Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales, denominado Real Gabinete de Historia Natural al ser fundado por Carlos III, se custodian más de trescientos documentos relativos a la correspondencia entre el Conde de Floridablanca y los directores del mismo, Pedro Franco Dávila y José Clavijo Fajardo, durante los quince años en que el Conde fue Secretario de Estado del Rey Carlos III.

En la colección de Paleontología de Vertebrados del MNCN hay más de una docena de ejemplares de ictiosaurios muy completos, provenientes de Alemania. Aunque se consideraban adquiridos por José Royo y Gómez en la década de 1920, como resultado de intercambios de material científico realizados en sus viajes al extranjero, se comprueba documentalmente que son anteriores.

Aunque desde hace casi un siglo el Diplodocus contempla impasible la afluencia de visitantes del MNCN, su llegada no resultó sencilla. Existen, además, una serie de curiosidades que rodean a su historia y que quizá sean menos conocidas.

Desde hacía tiempo, a modo de adelanto y en calidad de amigos, pudimos disfrutar de algunos de los interesantes capítulos de esta gran obra [de Miguel Villena, Javier Sánchez Almazán, Jesús Muñoz y Francisco Yagüe, con prólogo de Emiliano Aguirre] . En noviembre [de 2008] disfrutamos de la totalidad de ella.

Hace unos meses un amigo, Héctor de Córdoba, me comentó, de manera casual, que en el Museo Nacional de Ciencias Naturales debería estar un monito que su abuelo se trajo de Guinea Ecuatorial.

La larga historia del Museo Nacional de Ciencias Naturales hace que estas líneas se dediquen a la reflexión sobre su papel actual y las posibilidades futuras como institución museística y su clasificación como Museo Nacional. Conviene, pues, hacer un breve recordatorio de la definición de Museo, de las funciones que la legislación española le otorga, para ahondar en ese concepto de Nacional, que lo diferencia y destaca en el panorama de los Museos Estatales.

A los seis años fue evacuada a la Unión Soviética junto con su hermano y otros "niños de la guerra". Allí vivió las penurias de la Segunda Guerra Mundial, se licenció en Biología y pasaron 19 años hasta que pudo regresar a España y reencontrarse con su familia.

A mediados del siglo XVIII, Antonio de Ulloa poseía ya un más que sobresaliente bagaje científico: había formado parte junto con Jorge Juan de la expedición geodésica franco–española (1735– 1746) que, dirigida por La Condamine, tenía como objetivo efectuar la medición de un grado del meridiano terrestre en el ecuador y determinar así la forma de la Tierra.