Desnudemos a la Novia

Octavio Paz escribió dos textos sobre Marcel Duchamp, reunidos bajo el título de Apariencia desnuda: El castillo de la pureza (1966) y Water writes always in plural (1973). Varias sugestiones octavianas emanan estas páginas: la preferencia por Duchamp, que inserta en el surrealismo una cuña dadá, que le permite seguir experimentando y huir de los rigores eclesiales que atacan al fundador de la escuela, André Breton; la producción de un espacio octaviano donde se cruzan varias disciplinas con libertad epistemológica y rigor discursivo: las religiones comparadas, la metafísica del tiempo, la historia como proceso significante, la teoría del arte, la erótica del saber y la sabiduría erótica; observar cómo la lógica del ensayista, lógica del intento y del camino más que del fin y del objeto, se transfiere al lector, deviniendo una estética de la lectura como tanteo, como tiento; comprobar cómo, pasados muchos años, estos textos, sustraídos al contagio estructuralista de aquellos días, resultan legibles fuera de contexto, cuando hoy, tantos robustos ejercicios jergales de los sesenta yacen cuidadosamente expuestos en los gabinetes de arqueología del saber.

A lo largo del tiempo y a lo ancho de la historia, los hombres vamos pasando sin posibilidad de volver a pasar. Esto hace a la belleza del instante como único, ese instante que Fausto quería detener, sin advertir que su belleza dependía de su mortalidad. Pero, a la vez, los hombres podemos sustraernos a la historia y lo inexorable del tiempo, creando esos instantes absolutos que sirven de morada a la presencia. Pasamos de largo pero también insistimos

Diván de Octavio Paz

Una secreta afinidad parece reunir, en la palabra diván, al lenguaje y al cuerpo y, en consecuencia, recomendar que los divanes se utilicen para amueblar las consultas de los psicoanalistas. Pero la familiaridad viene de lejos en el tiempo y el espacio.

Octavio Paz nunca ha escrito un texto orgánico sobre literatura hispanoamericana. Muy excepcionalmente ha dedicado un libro a un autor determinado: Sor Juana Inés de la Cruz, Xavier Villaurrutia. Ello no le ha impedido tratar la materia, como se advierte recorriendo las Obras Completas que, desde 1991, ha venido publicando el Círculo de Lectores de Barcelona: los volúmenes tercero, Fundación y disidencia. Dominio hispánico, y cuarto, Generaciones y semblanzas. Dominio mexicano.

El ensayista Octavio Paz

Se suele atribuir a Michel de Montaigne la invención –en el sentido de hallazgo de lo no buscado– del ensayo. Conviene acercarle una excelente compañía: Pedro Mexía y su sabrosa Silva de varia lección. Montaigne se autodefinió de muchas y variables maneras. Una de ellas engloba las demás: ser un filósofo impremeditado y fortuito, que habla inquiriendo e ignorando.

Es habitual considerar que la miscelánea es un género subalterno de la literatura, cuando no un cajón de sastre que rehúsa ser un género. Un recopilador hacendoso busca y rebusca textos sueltos y dispersos y encuaderna con ellos un volumen.

Sor Juana y los hombres

Dice Octavio Paz, el Premio Nobel Octavio Paz, hablando de una de las mujeres más inteligentes de la Historia:

Cuenta Fernando Savater que, en su primera visita a México, en la década de los setenta, fue invitado por Octavio Paz a una cena en la que participarían el antropólogo Claude Lévi-Strauss y la pintora Leonora Carrington. Llegada la hora, la Carrington excusó su asistencia, una ausencia que Lévi-Strauss comentó con un escueto "pues yo prefiero que no haya podido venir". Ante la mirada sorprendida de Octavio y Fernando, el antropólogo se sintió en la obligación de añadir un "la conocí hace treinta años. Era tan hermosa y estuve tan enamorado de ella que no sé cómo habría soportado verla hoy".

En la famosa teleserie Viaje a las estrellas (Star Trek), hoy convertida en serie de películas, había un aparato capaz de teletransportar personas de un lugar a otro en forma instantánea.

Boom-boom

A cuento de algunas fechas –los centenarios de Octavio Paz, Julio Cortázar y Adolfo Bioy Casares, la muerte de García Márquez– se sacó a relucir el asunto del boom literario latinoamericano de los años sesenta. Tanto los medios académicos como el periodismo diario siguen hablando de él. Algunos intentaron, hasta ahora sin mayor consecuencia, hacer circular un post-boom. Se dice que de tanto mentar algo, la magia creadora de la palabra acaba otorgándole realidad. Pero la realidad tiene también aspectos irreales o, como se decía el siglo pasado, surreales.