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¿Os habéis planteado alguna vez la importancia de las áreas protegidas para nuestra salud? Todos sabemos que el principal objetivo de las áreas protegidas es la conservación de la naturaleza. Todos estaremos de acuerdo en que son herramientas fundamentales para conservar especies, ecosistemas y procesos naturales frente a las amenazas derivadas de la transformación del territorio para otros usos también de interés humano (carreteras, aeropuertos, ciudades, embalses, etcétera).

No hay nada en el mundo como un bosque primario, el que no ha sido nunca talado o deforestado industrialmente por los humanos. Las características comunes de estos bosques comprenden árboles antiguos, importante cantidad de madera muerta, alta biodiversidad —incluidas muchas especies que no se encuentran en otros lugares— y poco sotobosque debido a la sombra del dosel.

Los “bosques primarios”, aquellos que se han desarrollado sin perturbaciones antropogénicas, y que cubrieron un 80% de la superficie de Europa al final de la última glaciación, son hoy extremadamente escasos.

Miguel Delibes de Castro (Valladolid, 1947) (1), doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid, es Profesor de Investigación en el Departamento de Biología de la Conservación de la Estación Biológica de Doñana (EBD, CSIC), de la que fue director desde 1988 hasta 1996.

El 8 diciembre de 1916 la Gaceta de Madrid publicó la Ley de Parques Nacionales del Ministerio de Fomento, sancionada por Alfonso XII. Este año [2016] se cumple su centenario.

Si tuviera que recomendar a un científico y a un viajero un espacio natural de tanta belleza como interés biológico, en mi lista figuraría sin duda este hayedo, un santuario verde que está situado en el corazón de la madrileña Sierra del Rincón, reserva de la biosfera de la UNESCO.