Trestesauros500

Para transformarse en un autor, un cineasta tiene que contar con una reputación consolidada, con un estilo original y con esa capacidad de arrastre que tienen los creadores que realmente se adueñan del lenguaje audiovisual.

Blackwood se parece mucho más a determinado cine de los años setenta que a cualquier forma de cine actual. Es algo curioso y lógico a la vez. Cuando un director como Rodrigo Cortés abre las compuertas del género fantástico, el catálogo de ensoñaciones casi nunca es contemporáneo.

Luces rojas (2012) es dualidad. Es certeza e incertidumbre. Es un enigma. Uno cree pisar tierra firme y el suelo se abre bajo sus pies. Luces rojas es un nudo gordiano; sus personajes, un laberinto: complejos y contradictorios, en busca de sí mismos, definidos por sus actos y omisiones, sus palabras y silencios.

Hay grandes historias e historias pequeñas. Su tamaño no depende de la inmensidad de sus paisajes, el número de personajes o sus pretendidos valores de producción. ¿Es El viejo y el mar una gran historia? ¿Sería más grande si Hemingway hubiera añadido diez o doce pescadores y un par de peces espada?

Una tarde cualquiera de hace un par de años recibí el borrador de un guión que no debería haberme interesado y que, contra todo pronóstico, me intrigó: Down a Dark Hall, basado en un clásico juvenil de terror escrito en los años 70 por Louis Duncan.

Conocí a Rodrigo Cortés en 2010, cuando, lógicamente, aún nadie le preguntaba por la vertiginosa experiencia de dirigir a Robert DeNiro y Sigourney Weaver (Luces Rojas, 2012) o a Uma Thurman (Down a Dark Hall, 2017). Los años que han pasado desde entonces le han consolidado como uno de nuestros realizadores con mayor proyección.

Entrevista con Rodrigo Cortés

Nada en el cine es verdadero. Salvo el cine
Puede que el auge y caída de Martín Circo Martín, personaje central de Concursante (id., 2007), llegara con algo de antelación para un público aún embotado por el aroma a vino y las rosas de aquel verano tan largo en el que todos fuimos tan ricos. O puede que llegara demasiado pronto para el futuro director de Buried (Enterrado, 2010) y Luces rojas (Red Lights, 2012).

“A las 3 son las 2”, de Rodrigo Cortés

¿Tiene nombre ese continente? Pues sí, llámalo Twitter. ¿Y quiénes son sus habitantes? Bueno, eso ya depende del punto de vista. Sus partidarios lo disfrutan como un parque temático de la realidad, libertario y caótico. En cambio, los apocalípticos lo consideran una jungla de reductores de cabezas, o como el territorio de pandillas que, en lugar de quemar neumáticos, intercambian arengas, gruñidos y consignas.

¡Caray con Grand Piano, la cantidad de sorpresas que acumula en su metraje, y todo ello sin perder la elegancia y la sofisticación!

Crítica de "Luces rojas" (2012)



De repente, ves un vidente o un psíquico, y piensas en los millones de personas que dan por buena su estafa. Eso es lo que se plantean cada día la doctora Margaret Matheson (Sigourney Weaver) y su ayudante Tom Buckley (Cillian Murphy), los protagonistas de Luces rojas (Red Lights), un magnífico thriller sobrenatural en el que Robert De Niro se convierte en la némesis de esos dos cazadores de fraudes.