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“Más que escasez de medios, lo que hay es miseria de voluntad. El entusiasmo y la perseverancia hacen milagros. Desde el punto de vista del éxito, lo costoso, lo que pide tiempo, brío y paciencia, no son los instrumentos sino desarrollar y madurar una aptitud.” (Santiago Ramón y Cajal)

Hace unos años, y motivado por la exposición conmemorativa del centenario de la concesión del Premio Nobel a D. Santiago Ramón y Cajal que exhibió el MNCN, visité durante un corto periodo de tiempo el Archivo del Museo de la mano de Carmen Velasco (a quien desde aquí agradezco su afabilidad e inmensa paciencia, así como agradezco a Carolina Martín sus consejos en relación al presente artículo) buscando la posible huella de Cajal en esta Institución, como una aportación preliminar a lo que debería ser un trabajo más exhaustivo.

Si hay un científico fácilmente reconocible por el común mortal español ése es Santiago Ramón y Cajal. Premio Nobel de Medicina en 1906 por sus investigaciones sobre los mecanismos que gobiernan la morfología y los procesos conectivos de las células nerviosas, este aragonés universal aunó en su persona la excelencia investigadora, la pasión por la fotografía y el gusto por la escritura.

La biblioteca del diablo

Como podrá comprobar todo aquel que observe con detenimiento esta imagen, en los anaqueles de la biblioteca infernal se ordenan escrupulosamente los cráneos de notorios pecadores. Es curioso, porque si a un bibliófilo le hablamos del infierno, pensará de inmediato en ese armario o estante cerrado en el que los libros prohibidos, por lo común ejemplares de literatura libertina, aguardaban a un lector de confianza.