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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Cortázar y Thomas Mann

Cabe leer en paralelo El perseguidor (1959) de Julio Cortázar y Doktor Faustus (1947) de Thomas Mann, no en busca de improbables influencias sino de sugestivos parecidos.

Pringsheim, afectada de mía leve infección pulmonar, debió internarse durante medio año en un sanatorio en la ciudad suiza de Davos. Su marido fue a visitarla y pasó tres semanas con ella. Un ligero catarro lo obligó a una cura igualmente rápida. Impresionado por el lugar y los personajes que poblaban aquel establecimiento que era como un hotel de lujo lleno de enfermos terminales y convalecientes, decidió hacer una breve narración en torno a una de sus obsesiones: la vida como alternancia de la enfermedad y la salud.

Thomas Mann, mago enfermo

Con 23 años, en 1898, terminó Thomas Mann (1875-1955) Los Buddenbrook. Decadencia de una familia, destinada a ser la última gran novela familiar de Europa. No porque no hubiera otras en barbecho, sino porque, con la muerte sin descendencia del último Buddenbrook, el adolescente Hanno, se indica que un mundo se cierra y sitúa su borde final ante un abismo.

Los escritores y la guerra

Con el centenario de la guerra mundial proliferaron los libros y artículos sobre diversos temas, especialmente los colaterales. Uno de ellos fue el de los escritores y el conflicto. Frondosa fue la literatura generada por el hecho, fuera en obras donde se señalaban sus atrocidades –Barbusse, Martin Du Gard, Remarque– o donde se ensalzaban las virtudes de los combatientes y la grandeza de la patria vencedora o derrotada, en este caso, toda la Frontlitteratur alemana. Reflexiones a pie de las batallas tampoco faltaron, según vemos en los diarios de Stefan Zweig y en Consideraciones de un apolítico de Thomas Mann, una elegía indirecta por la Alemania guillermina.

Thomas Mann y el arte

El 24 de enero de 1943, Thomas Mann anota este sueño: tiene clara consciencia de estar muriendo, mientras trastabilla a la vez que baila perfectamente. Me permito ver en el relato una alegoría de su propia concepción del arte: la forma que se logra como contrafobia a la agonía.

Cada día, Thomas Mann anotaba en su diario la hora del despertar, la composición de sus comidas, sus duchas y afeitadas, su estado de salud, la temperatura y e! clima, sus horarios de escritura, la contestación de su correspondencia, sus conversaciones (mejor dicho: sus interlocutores y escuchas), sus lecturas, los actos a que asistía, las películas y obras de teatro que veía, la música que escuchaba.

La muerte en venecia. Mario y el mago, Thomas Mann, Quinteto, 2005, ISBN 9788496333529

"La montaña mágica", de Thomas Mann

La montaña mágica, Thomas Mann, Edhasa, 2009, ISBN 9788435018388.

Venecias. Así, en plural, tituló Paul Morand su libro sobre Venecia. Y, en efecto, al igual que su embrollado laberinto de aceras y canales, campi y puentes, la ciudad adriática, primorosa audacia del más disparatado urbanismo, es muchas sin acabar de ser una y misma.

"Doktor Faustus", de Thomas Mann

Doktor Faustus relata la historia del compositor alemán Adrian Leverkühn, que inevitablemente se desdobla en dos planos. Por un lado es la novela de aprendizaje de un estudiante de música zarandeado por las complejidades y avatares de que fue víctima la Alemania del siglo XX, y, por otro, es el desarrollo de una aguda reflexión acerca del papel, la forma y la importancia del arte.