Trestesauros500

Diez años después del estreno de Iron Man (Jon Favreau, 2008), el universo cinematográfico de Marvel ya tiene bien claro qué ofrecer a su público objetivo. Un público que se divide en tres categorías: 1) fans acérrimos de estas películas, 2) lectores de cómics Marvel que no pueden evitar ver qué han hecho con sus queridos héroes, aunque sea para quejarse, y 3) simples espectadores con ganas de entretenimiento ligero e intrascendente, como es mi caso.

Si tuviera que elegir un subgénero de la fantasía, me quedaría, sin dudarlo ni un momento, con el de los mundos perdidos. Ambientados en tierras incógnitas, esos relatos suelen enfrentar a sus protagonistas con saurios prehistóricos y con otras bestias olvidadas por el tiempo.

Guillermo del Toro es un hombre poseído por el género fantástico. No sólo es un director especializado. En realidad, es más que un fan: es un divulgador, un creyente y sacerdote del único género que no tiene otras fronteras que las de la imaginación.

Para un amante de los tebeos, la segunda mitad de los setenta y la primera de los ochenta fue el mejor de los tiempos. Comprábamos cómics de segunda mano, y la sofisticación intelectual no figuraba entre nuestras prioridades vitales. No éramos gourmets sino carroñeros. Un tebeo de superhéroes con la cubierta sucia y arrugada podía ser un tesoro, simplemente porque era el que faltaba en nuestra colección. Los cómics de Marvel aún no eran un producto cool, digno de aparecer en los periódicos, y sin embargo...

"Thor" (Kenneth Branagh, 2011)


Las líneas de trabajo abiertas por Marvel hace algo más de una década, por medio de sus acuerdos de adaptación al cine y al videojuego, han dado lugar a una fórmula frecuentemente imitada. Era de suponer que tarde o temprano llegaría a la pantalla Thor, uno de los héroes más rentables de la franquicia. En este caso, el director Kenneth Branagh logra una película entretenida y espectacular, con evidentes resonancias shakespeareanas.