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Para transformarse en un autor, un cineasta tiene que contar con una reputación consolidada, con un estilo original y con esa capacidad de arrastre que tienen los creadores que realmente se adueñan del lenguaje audiovisual.

"Gattaca" (1997), de Andrew Niccol

Gattaca no fue un éxito ni siquiera en el momento de su estreno. La crítica se mostró dividida y el público mayormente indiferente (sobre un presupuesto de 36 millones de dólares, sólo se recaudaron 12 millones) por lo que no tardó en pasar al limbo cinematográfico.

Una tarde cualquiera de hace un par de años recibí el borrador de un guión que no debería haberme interesado y que, contra todo pronóstico, me intrigó: Down a Dark Hall, basado en un clásico juvenil de terror escrito en los años 70 por Louis Duncan.

"Pulp Fiction" (Quentin Tarantino, 1994)

El fenómeno se llamó Pulp Fiction, e impactó en los cines en 1994. "Quedamos boquiabiertos –dice el realizador Kevin Smith–, convencidos de que habíamos visto algo genial. Pulp Fiction era genial sin ningún esfuerzo, una película que había que ver y recomendar a la gente; al verla, te sentías parte de algo".



El príncipe Amérigo (Jeremy Northam), un aristócrata italiano venido a menos, se dispone a casarse con Maggie (Kate Beckinsale), la hija de un magnate americano coleccionista de arte llamado Adam Verver (Nick Nolte).



La idea de la versión musical de Los productores comenzó en 1998, cuando el empresario de música y cine David Geffen empezó a perseguir a Brooks para convertir la oscarizada película de Brooks, de 1968, en una obra musical.

El empeño didáctico de Percy Jackson y el Ladrón del Rayo o, para ser más exactos, los aspectos educativos de su trama, tienen tanto interés como la diversión y el sentido del humor que destila esta recomendable aventura juvenil.