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A finales de 2017 la paleoantropóloga María Martinón Torres (Ourense, 1974) tomaba posesión como nueva directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH). Su antecesor, Alfredo González Torres, declaraba un año antes la evidente brecha de género que existía en esta institución, ya que tan solo el 22% del personal investigador eran mujeres.

En abril de 2018 se cumplen sesenta años del hallazgo de los restos fósiles del elefante Elephas antiquus en Villaverde (Madrid). Su descubrimiento tuvo gran repercusión en la prensa e incluso apareció en televisión. El célebre paleontólogo Emiliano Aguirre se encargó del estudio y montaje del esqueleto, que se realizó con los restos fósiles de al menos dos individuos. Desde su instalación en 1961, es una de las piezas más admiradas del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).

Los ammonites son un grupo de animales fósiles de gran importancia en Paleontología. Los primeros representantes del grupo aparecieron hace unos 400 millones de años durante el Devónico y se extinguieron durante la gran crisis que marca el final del periodo Cretácico, hace 65 millones de años. Durante este gran lapso de tiempo experimentaron una rápida evolución de formas, muchas de las cuales tuvieron una gran distribución en los mares de su época.

Cuando excavamos un yacimiento paleontológico, abrimos la caja de un puzle en la que es frecuente que nos falten muchas piezas. Sólo en ocasiones muy excepcionales podemos contar con un número suficiente de ellas para que esa imagen sea nítida y completa. Este es el caso del Sistema de yacimientos del Cerro de los Batallones (Torrejón de Velasco, Madrid), donde se han hallado numerosas e importantes piezas que encajan perfectamente y que nos han permitido despejar muchas dudas sobre la fauna que vivió durante el periodo Mioceno en Madrid.

Basada en la novela homónima de Arthur Conan Doyle (1912), es difícil estimar el efecto que esta su primera adaptación cinematográfica tuvo en el momento de su estreno. Hoy los críticos no le prestan demasiada atención, pero es muy posible que los efectos visuales de Willis O'Brien causaran un gran impacto en el público porque nunca antes se había visto nada semejante en pantalla. Se dice que el propio Conan Doyle mostró alguna escena de los dinosaurios a varias personas diciéndoles que eran auténticos. Le creyeron.

Un lector novel de ciencia-ficción podría tener la impresión de que el género ha estado tan preocupado por la exploración de otros mundos, otras galaxias e incluso otros universos, que a menudo ha ignorado nuestro propio planeta. Pues bien, si este es el caso, significa que debería retroceder un poco más en el tiempo y revisar algunas excelentes obras incluidas en ese subgénero bastardo que se conoce como "Mundos Perdidos".

Hace más de 30 años, Santiago Prieto Villar llegó a la Facultad de Geológicas de la Universidad Complutense de Madrid con un puñado de fósiles entre las manos, que incluían un pequeño pez, una salamandra y varios insectos. Lo que no sabía el geólogo de Cuenca es que ese sería el inicio de un hallazgo mucho mayor. Había dado con uno de los yacimientos de referencia para saber cómo era la vida en la Tierra hace 125 millones de años: Las Hoyas. 

Confuciusornis vivió hace unos 120 millones de años en lo que hoy es China. Tenía el tamaño de una paloma y fue una de las aves voladoras más primitivas. El hallazgo de cientos de especímenes excelentemente conservados ha revolucionado la paleontología de las aves, permitiendo avanzar en el estudio de su historia evolutiva. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) exhibe un magnífico ejemplar.

El esqueleto de megaterio que hoy podemos admirar en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid es, sin ninguna duda, uno de sus tesoros más valiosos. Descubierto en 1787 en la por entonces América española, este gigante iba a tener un papel protagonista en la aventura de comprender la historia de la vida sobre el planeta.

En la colección de Paleontología de Vertebrados del MNCN hay más de una docena de ejemplares de ictiosaurios muy completos, provenientes de Alemania. Aunque se consideraban adquiridos por José Royo y Gómez en la década de 1920, como resultado de intercambios de material científico realizados en sus viajes al extranjero, se comprueba documentalmente que son anteriores.