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El esqueleto de megaterio que hoy podemos admirar en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid es, sin ninguna duda, uno de sus tesoros más valiosos. Descubierto en 1787 en la por entonces América española, este gigante iba a tener un papel protagonista en la aventura de comprender la historia de la vida sobre el planeta.

En la colección de Paleontología de Vertebrados del MNCN hay más de una docena de ejemplares de ictiosaurios muy completos, provenientes de Alemania. Aunque se consideraban adquiridos por José Royo y Gómez en la década de 1920, como resultado de intercambios de material científico realizados en sus viajes al extranjero, se comprueba documentalmente que son anteriores.

Aunque desde hace casi un siglo el Diplodocus contempla impasible la afluencia de visitantes del MNCN, su llegada no resultó sencilla. Existen, además, una serie de curiosidades que rodean a su historia y que quizá sean menos conocidas.

Actualmente es bien conocido que Sudamérica y Norteamérica estuvieron separadas por más de 65 millones de años, lo que permitió el aislamiento, evolución y diversificación de formas únicas en cada subcontinente.

Emiliano Aguirre Enríquez (Ferrol, 1925) es uno de los paleontólogos más prestigiosos del mundo. Padre del éxito de Atapuerca, dirigió el Museo Nacional de Ciencias Naturales y, a sus 81 años, no ha abandonado la actividad científica. Premio Príncipe de Asturias, miembro de la Real Academia de Ciencias y catedrático de Paleontología, el día 20 de abril de 2007 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Burgos.

¿Cuánto hay de Ciencia y cuanto de invención en todas esas imágenes del pasado prehistórico?, se pregunta el autor en la introducción. Nada es gratuito, falso o sospechoso de carecer de rigor en el trabajo de este genial artista científico. Pero además escribe muy bien.

Los yacimientos paleontológicos del Cerro de los Batallones son ante todo singulares, no hay otro conjunto similar en ninguna otra parte del mundo. Lo que hace único a Batallones es una conjunción de características (geológicas y paleontológicas) que no se dan asociadas en otros yacimientos paleontológicos.

La diversidad de organismos encontrados en los yacimientos del Cerro de los Batallones sólo es explicable en un contexto climático y ambiental muy diferente del actual. Hace 9 millones de años estaba finalizando una de las épocas de mayor bonanza climática de las registradas en la última parte de la historia geológica (últimos 25 millones de años) de la península Ibérica.

En 1991, cuando nos afanábamos excavando en un pozo de aspecto poco prometedor en lo que hoy conocemos como Batallones 1, la posibilidad de encontrar un cráneo completo de los “dientes de sable” Machairodus o Paramachairodus parecía casi un sueño.

Los yacimientos paleontológicos del Cerro de los Batallones (Torrejón de Velasco) son los más singulares de Madrid, y pueden contarse entre los más interesantes del registro fósil del Mioceno continental mundial. Tanto en conjunto como individualmente pueden considerarse como yacimientos con fósiles de conservación extraordinaria.