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La colección de anfibios reunida por la Comisión Científica del Pacífico (1862-1865) tiene un valor extraordinario, tanto histórico como científico. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) conserva 522 ejemplares recolectados por el gran zoólogo español Jiménez de la Espada, gran parte de los cuales han servido para describir la fauna herpetológica sudamericana.

Durante el pasado mes de marzo [de 2018], época habitual para el trabajo de campo de nuestro proyecto en los Andes de Bolivia, cambiamos completamente de latitud y longitud para dar los primeros pasos en pos de establecer investigaciones comparativas entre organismos de la región Neotropical y otros ecológicamente similares de otras regiones del planeta.

Desde las alturas, el verdor se extiende hasta donde alcanza la vista, todo es bosque húmedo. Al comienzo del día, cuando la niebla empieza a disiparse y la luz se abre paso, denotan su presencia, con contrastados colores, una pareja de guacamayos escarlata que sobrevuelan el dosel del bosque.

La comunicación es una actividad natural en el reino animal que permite a los organismos transmitir información sobre diversos aspectos de su biología básica, principalmente la búsqueda de alimento, de pareja para la reproducción o para la evasión ante depredadores potenciales.

Cuatro de las cinco especies de sapos parteros que existen en el mundo son endémicos de la Península Ibérica y todos sufren un declive en sus poblaciones por una enfermedad fúngica y por la degradación de su hábitat. La situación del sapo partero balear (Alytes muletensis) es especialmente delicada. Las medidas de protección se hacen ahora más imprescindibles que nunca.

A los 30 años recibió en Múnich uno de los más prestigiosos premios internacionales de Taxonomía [el R.J.H. Hintelmann Scientific Award for Zoological Systematics, en 2008]. Investigador contratado del Departamento de Biodiversidad y Biología Evolutiva del Museo Nacional de Ciencias Naturales [entre 2007 y 2008, antes de realizar sus investigaciones en el Centro de Biología Evolutiva de la Universidad de Uppsala, entre 2008 y 2010, y en el Departamento de Herpetología del Museo Americano de Historia Natural, a partir de 2010], José Manuel Padial, reflexiona sobre una de las disciplinas científicas más antiguas.

En la selva amazónica, entre Bolivia, Perú y Brasil habitaba una especie de rana arborícola que los científicos pensaban haber identificado correctamente. Sin embargo, Dendropsophus kubricki ‒como la renombraron a principios de 2018 en honor al director de cine estadounidense Stanley Kubrick y su obra maestra realizada en 1971, La naranja mecánica‒ no pertenecía a la especie que creían.

Aunque tal vez se pueda tener la impresión de que instituciones como el Museo Nacional de Ciencias Naturales hace tiempo que abandonaron las expediciones científicas a lugares remotos –una actividad que mucha gente entiende como parte de la quintaesencia de tales instituciones–, afortunadamente esto no es así.

Desde los tiempos de la conquista y los descubrimientos, los reinos tropicales siempre han estado avocados a los cambios, la destrucción y la fragmentación. Hay especies que ya desaparecieron, otras que hoy vemos desaparecer, y otras cuyo reencuentro constituye un hito inexplicable.

Cómo no sentir la tentación de afirmar que solo hay dos días en el trópico: cuando llueve y cuando está soleado. En ambos casos, el efecto es semejante. Es fácil terminar cubiertos de sudor en las jornadas de sol y calados en las de tormenta.