logo200pxtesauro
Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Grandes velocistas han dejado huella en el legado de la humanidad, desde esa leyenda viva que es Carl Lewis a otros mitos como Ben Johnson o Florence Griffith, sin olvidar al insuperable Usain Bolt.

Desde los tiempos de la conquista y los descubrimientos, los reinos tropicales siempre han estado avocados a los cambios, la destrucción y la fragmentación. Hay especies que ya desaparecieron, otras que hoy vemos desaparecer, y otras cuyo reencuentro constituye un hito inexplicable.

El pasado se encarnó en el presente de los primeros descubridores de América. Confundieron los manatíes con las sirenas de las antiguas leyendas griegas, y dejaron constancia de ello en sus diarios y escritos. Dio buena cuenta de ello el historiador, escritor y folclorista peruano José Durand Flórez en su libro irrepetible: Ocaso de sirenas. Esplendor de manatíes (FCE, 1950, reeditado en 1983).

 saltamontes rosa brillante y una araña con forma de sombrero de mago con increíbles dotes para el camuflaje; plantas que sangran y orquídeas que recuerdan a la representación del diablo junto a un par de animales con cientos de pies son algunas de las Top10 descubiertas el último año.

El hecho de que sea conocida no disminuye el ingenio de la respuesta que J. B. S. Haldane dio a un miembro de la Iglesia de Inglaterra, cuando éste le preguntó: “Según usted, ¿qué característica destacaría del Hacedor de la Naturaleza?” “Una gran debilidad por los escarabajos”, contestó Haldane, haciendo referencia a que es el grupo mas diverso de la tierra.

Los gorilas de montaña fueron calificados de ariscos habitantes de la selva africana porque hasta bien avanzado el siglo XIX eran casi completamente desconocidos por los occidentales.

En marzo de 1969 la joven canadiense Birutė Galdikas estaba presente en una conferencia pronunciada en la Universidad de California por el antropólogo Louis Leakey. En su discurso, el científico hacía hincapié en el valor de los grandes simios y en la proximidad del peligro de extinción que corrían, acentuando dramáticamente la terrible pérdida que significaría la desaparición de tan peculiares animales de nuestro planeta.

En la primavera de 1957, Jane Goodall era una joven de veintitrés años que acababa de llegar a Kenia desde Inglaterra con «la esperanza de poder trabajar con animales». Por esta razón decidió dirigirse al Coryndon Museum, hoy Museo Nacional de Nairobi. Una vez allí, entró en contacto con el conservador de ese museo, el afamado antropólogo Louis Leakey.

Cómo no sentir la tentación de afirmar que solo hay dos días en el trópico: cuando llueve y cuando está soleado. En ambos casos, el efecto es semejante. Es fácil terminar cubiertos de sudor en las jornadas de sol y calados en las de tormenta.

Hace un rato que la Cruz del Sur nos ha abandonado. Es la señal de entrada de la noche profunda. Acompañados solo por el sonido constante de la marea, recorremos kilómetros de playa en busca de tortugas que “desembarcan” para desovar.