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Además de la pesadillesca canción De niña a mujer (gran éxito de Julio Iglesias), el paso femenino a la madurez ha propiciado un puñado de buenas películas fantásticas y/o de terror donde suelen abundar los simbolismos y las imágenes poderosas.

No es difícil lograr que el público se aterrorice ante la visión de un loco que tortura y mata a algún desgraciado. O causar pesadillas mostrando a una dulce niña poseída por un demonio que la transforma en un monstruo. Lo que sí es difícil es conseguir que mucha, MUCHA gente adquiera una fobia nueva y absurda a la “niebla” de la televisión sintonizada en un canal sin señal.

Auge y caída de Freddy Krueger

Por obvias razones, Freddy Krueger se ha convertido en referente esencial del mejor cine de terror adolescente de los años 80. Este grotesco personaje, siempre debatiéndose entre lo terrorífico, lo repugnante y lo cómico, está ya situado en el Olimpo –o el Hades, según se mire– de los monstruos clásicos del cine.

Cuando, en 1999, los responsables de The Blair Witch Project decidieron retomar la idea de Holocausto Caníbal (Ruggero Deodato, 1980), aplicándola a un terror más literario y sutil, poco podrían imaginar que su éxito provocaría un aluvión de cintas rodadas con ese estilo de falso documental que se ha venido a denominar found footage (metraje hallado).

No sé hasta qué punto se puede considerar como fantástica o de ciencia-ficción una película en la nos cuentan que las redes sociales transforman a sus usuarios en agresivos descerebrados a los que les acaba explotando la cabeza.

Productor, guionista, director, novelista... Mick Garris quizá no sea el nombre más conocido para el gran público, pero es un profesional todo terreno, curtido especialmente en el género de terror. Ha adaptado varias novelas de Stephen King en miniseries catódicas -El Resplandor, Apocalipsis, Un saco de huesos, Desesperación...- y es uno de los principales responsables de films de culto como Critters, Critters 2, La Mosca II o Sonámbulos, así como el principal impulsor de la serie Masters of Horror.

El cine de terror alumbrado en los últimos cuarenta años es una pieza más de esa compleja y difusa maquinaria que es el arte contemporáneo y, más concretamente, el postmoderno. La especial relevancia que lo corporal ha adquirido en este género durante dicho período constituye el principal punto de conexión entre éste y su contexto artístico. Ilustrar dicha vinculación a partir de un fenómeno temático e iconográfico concreto, el del cuerpo entendido como habitáculo del monstruo, es el propósito de este trabajo.

Cabría esperar que después de brillantes sátiras del género como Scream, Tucker and Dale Vs Evil y The Cabin in the Woods, los cineastas que intentaran hacer el enésimo refrito de La Matanza de Texas o de Posesión Infernal se lo pensarían dos veces antes de recurrir a los clichés de siempre, o al menos intentarían crear algo original que no recurriera a lo manido.

Crítica de "Jug Face" (2013)

Las mejores películas de bajo presupuesto siempre han sido las que no sólo han sabido ajustarse a la escasez de medios, sino que han sacado provecho de ella.

Con el terror juvenil de los 80 como referencia, Under the Bed cuenta la historia de un par de hermanos enfrentados al mundo de los adultos y a un pérfido monstruo que vive debajo de su cama.