graciasportadadefesq

Puede darse el caso, queridos lectores, de que un mensaje os importe tanto que no escribáis una sola línea sin las debidas cautelas. Un sigilo que, en la era de los hackers y del tráfico de datos, ya no sirve de mucho, la verdad. Naturalmente, lo ideal sería dejar de nuevo en circulación métodos como los descritos por Carlos Taranilla. Pero me temo que este tipo de lenguajes secretos requieren un esfuerzo intelectual que no siempre estamos dispuestos a acometer.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos decidió inventar un código que no pudieran descifrar los japoneses. Para ello, además de emplear las mejores técnicas de criptografía, capaces de transformar las palabras originales en términos ininteligibles, se pensó en una manera de dificultar todavía más las cosas.