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Las bandas de chimpancés matan de forma violenta a individuos de grupos vecinos para expandir su propio territorio. Así lo confirmó en la revista Current Biology un estudio que recogió en 2010 el seguimiento durante 10 años de una comunidad de chimpancés en Uganda. Ésta fue la primera prueba que delata un comportamiento intuido por los antropólogos desde hace tiempo.

“Chimpancés y humanos compartimos el hecho de que cada comunidad tiene su propia cultura”, afirma Lydia Luncz, primera autora de un estudio sobre la materia que se publicó en 2012 en la revista Current Biology.

De acuerdo con un estudio publicado en Current Biology en 2016, los chimpancés son capaces de establecer relaciones de amistad con otros individuos. La clave de estas relaciones sería la confianza, al igual que hacen los humanos.

Un equipo internacional de investigadores liderados por James Burkett, de la Universidad de Emory (EE UU), descubrió en 2016 que los topillos muestran empatía. En el trabajo, en el que también se analizó a ratones de campo, los científicos comprobaron que la hormona oxitocina tiene un papel fundamental en este proceso de contagio emocional, tan habitual en humanos y grandes simios, y que también se ha observado en animales no homínidos, como perros, delfines y elefantes.

Con el paso de los años, las personas escogen con más cuidado cómo y con quién pasan su tiempo. Gracias a un nuevo estudio, ahora sabemos que algunos monos también se vuelven menos sociables cuando envejecen y centran su atención en las actividades que ya conocen o que no implican ningún riesgo para ellos.

Para entender el habla, el cerebro humano divide las tareas: el hemisferio izquierdo se encarga del significado de las palabras y el derecho permite interpretar la entonación. Así se analiza por separado lo que decimos de cómo lo decimos para llegar a un significado conjunto. Pero esta habilidad no es única en el ser humano.

Igual que el hombre, la mayoría de los animales distribuyen su espacio de forma ordenada para cubrir sus necesidades vitales; así, dentro de los límites de su territorio establecen zonas para dormir, para cazar, para comer, otras como retrete, etc. Para esta breve exposición, me he limitado a enunciar algunas de las características de las moradas de peces, mamíferos y aves.

Hoy las ciencias sociales están tomando unos nuevos derroteros, desde que han entrado en escena los etólogos o sociobiólogos. Edward O. Wilson acuñó en la década de los años setenta una palabra nueva: sociobiology (1). Esta palabra levantó muchas ampollas —sobre todo en la piel ideológica— y, como el escándalo tiene mucho más interés que la norma cumplida, apareció Wilson en la hornacina del altar de las portadas del Time y de otras revistas de esta naturaleza.

Los macacos machos en estado salvaje y sin parentesco establecen relaciones cercanas y estables con otros machos de su grupo. El estudio, que publicaron en 2010 investigadores alemanes en la revista Current Biology, confirmó que estas relaciones son parecidas a las de amistad en seres humanos, y que la motivación para mantener estos lazos es de naturaleza política.

Tener una vida social activa y positiva es una tarea esencial para los humanos que, en las últimas etapas de la vida, se vuelve más selectiva. Un estudio reveló que algunos primates, como los monos de Gibraltar (Macaca sylvanus), también restringen sus interacciones con otros animales al hacerse mayores: se relacionan con menos compañeros –sobre todo con los que ya conocen– y no se atreven a descubrir nuevas actividades. A pesar de ello, los macacos más jóvenes se aseguran de que sigan integrados en el grupo.