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La inserción social de las tecnologías de la comunicación ha venido acompañada de toda clase de expectativas, incluso de carácter fantástico o sobrenatural. En este trabajo se repasan dos de las fantasías que cuajaron con la llegada del telégrafo y de la radiofonía: la confianza en su poder para comunicarse con los muertos en una primera fase, y con seres extraterrestres posteriormente. Se pretende con ello contribuir a una historia de la comunicación atenta a los fenómenos creados en la interacción de los imaginarios culturales y la innovación técnica.

Escribir, escribió un fantasma: Escribir significa, escribió un fantasma que conoció a Kafka: Escribir significa quedarse al descubierto, escribió un fantasma que conoció a Kafka y le escribió en una carta: escribir significa quedarse al descubierto ante los fantasmas que esperan ávidos.

Las leyendas urbanas y las historias de fuego de campamento tienen un rasgo común, y es que todas ellas se presentan como si fueran reales. En este tipo de relatos, la verosimilitud es un detalle esencial, y eso que suelen estar protagonizadas por fantasmas y otras criaturas de ultratumba.

Aunque, tras resucitar a Sherlock Holmes, Arthur Conan Doyle ya no pudo librarse de su detective, al menos sí fue espaciando la publicación de sus aventuras, lo que le permitió  desarrollar en paralelo su faceta de escritor de novela histórica.

Uno de los relatos de terror más admirados y adaptados es La pata de mono, del autor británico W.W. Jacobs. Dicha narración se basa en el principio “ten cuidado con lo que deseas”, y funciona a la perfección a la hora de proporcionar escalofríos al lector, pero también aporta una valiosa moraleja: no es saludable no aceptar la muerte de los seres queridos.

Los fantasmas nos sumergen en el éxtasis de la eternidad. Reciben el poder evocador del pasado y marean a sus espectadores con el perfume secreto de la muerte, que excita sentimientos de miedo y de fascinación.

No es difícil lograr que el público se aterrorice ante la visión de un loco que tortura y mata a algún desgraciado. O causar pesadillas mostrando a una dulce niña poseída por un demonio que la transforma en un monstruo. Lo que sí es difícil es conseguir que mucha, MUCHA gente adquiera una fobia nueva y absurda a la “niebla” de la televisión sintonizada en un canal sin señal.

Susan Hill puede presumir de que su novelita La Mujer de Negro ha sido afortunada en la calidad de sus adaptaciones, tanto en las teatrales como en las audiovisuales, teniendo en cuenta las bondades de la versión televisiva de 1989 y de la cinematográfica de 2012, cuya secuela ha contado con la participación de la mismísima autora, encargada de escribir la historia sobre la que se desarrolla el guión.

Crítica: "Ouija" (Stiles White, 2014)

Ante todo, si lo que usted busca es entretenimiento e información sobre la célebre tabla de espiritismo, le recomiendo encarecidamente que lea el grandioso artículo al respecto escrito por nuestra compañera Julia Alquézar.

James Wan es sinónimo de rentabilidad. Hace muchas películas por no demasiado dinero y al público le encantan. A lo mejor usted es como yo, y piensa que sus filmes, con un poco de pulido, serían mejores, pero no es un director malo y su éxito no molesta.