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El oro de los tontos

Fue el primer mineral codiciado por los antiguos buscadores de oro. La pirita está ligada al origen de la cultura humana. En Río Tinto (Huelva) se da una de las mayores concentraciones de pirita del mundo y en Navajún (La Rioja) se encuentran los mejores cristales cúbicos. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) conserva una importante colección de piritas de los mejores yacimientos y en la exposición de Minerales se exhiben algunos de los ejemplares más bellos.

Azufre de Conil

Uno de los mayores tesoros del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) son las muestras de azufre cristalizado de Conil de la Frontera (Cádiz) colectadas a finales del siglo XVIII. Los magníficos cristales de azufre que se exhiben son de una pureza extraordinaria y fueron piezas muy solicitadas por los museos y gabinetes de la época. En el Museo se conservan más de 60 ejemplares de azufre cristalizado. Algunos son realmente espectaculares y fueron expuestos en la Exposición Universal de París de 1867.

Hasta mediados del siglo XIX el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) estuvo considerado como uno de los mejores de Europa, especialmente en el campo de la mineralogía. Sus colecciones históricas nos permiten retroceder en el tiempo y para guiarnos nadie mejor que el geólogo Javier García Guinea, profesor de investigación del CSIC, y gran conocedor de la colección de geología, de la que fue conservador durante una década.

Este magnífico tablero de piedras duras del siglo XVIII es un muestrario de los mármoles, alabastros y otras rocas más apreciados desde la Antigüedad hasta el período Barroco. Además, es testigo de la extraordinaria historia de la captura del Westmorland, un barco mercante británico cargado de obras de arte adquiridas por los jóvenes viajeros británicos en el Grand Tour. Puede verse en la Sala de Geología del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC).

En la segunda mitad del siglo XVIII, disciplinas como la mineralogía, la química, la minería y la metalurgia experimentan un desarrollo espectacular. La expedición mineralógica de los hermanos Heuland a Chile y a Perú en 1795-1800 puede servir de ejemplo de la importancia que para el desarrollo de las ciencias naturales tiene la estrecha colaboración entre la administración y los científicos.

La Biblioteca del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) es un lugar excelente para bucear en la historia de las ciencias naturales. A comienzos del siglo XIX un debate que acaparaba la atención de los geólogos era la formación de las montañas. La obra manuscrita del geólogo Carlos de Gimbernat, Planos Geognósticos de los Alpes y de la Suiza con sus descripciones, constituye un trabajo pionero en la cartografía geológica europea.

En la madrugada del 24 de diciembre de 1858 un aerolito cruzó la atmósfera en la localidad murciana de Molina de Segura produciendo un gran ruido y un temblor similar a un terremoto. Unos días después un labrador encontró el meteorito más grande caído en España, del que existe una excelente documentación en el Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Esta magnífica pieza se exhibe en la Sala de Meteoritos del Museo.

Los cristales de aragonito españoles eran muy cotizados por los coleccionistas y estaban presentes en los principales gabinetes de historia natural europeos del siglo XVIII. Además de encontrarlo en yacimientos de diferente naturaleza, este mineral también está presente en la cáscara del huevo de tortugas, en el oído interno de peces, en la concha de moluscos y en el esqueleto de corales. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) posee una importante colección de aragonitos, algunos de los cuales se exhiben en la Sala de Geología.

La belleza mortal del cinabrio

El cinabrio constituye una de las mayores riquezas mineras de nuestro país. Por su color rojo púrpura también le llaman bermellón. Almadén, que en árabe significa "la mina", ha estado vinculado desde sus orígenes a las minas de cinabrio y a la obtención de mercurio. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) exhibe magníficos ejemplares en la exposición de geología, así como una bella roca impregnada en cinabrio en su Jardín de Piedras.

Es el único de los tres meteoritos recolectados en la península ibérica en el siglo XVIII que se conserva. Cayó en noviembre de 1773 en los alrededores del Real Monasterio de Sigena, Huesca. Ingresó en el Real Gabinete de Historia Natural en 1774 y fue el primer meteorito de la colección de geología. Hoy puede verse en la Sala de Meteoritos del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).