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“Nada de teléfonos móviles en la escuela”, prometió Emmanuel Macron durante su campaña. El proyecto de ley La République en marche (LRM), que prohíbe los teléfonos móviles en los colegios e incluso en algunos institutos franceses, se aprobó el 30 de julio de 2017 en el Parlamento galo.

Pensamos que tomamos las decisiones de manera racional, pero no es así. La tendencia política de cada ciudadano influye en su actitud frente a las falsas informaciones. Ante datos que ponen en tela de juicio al partido en el que confiamos, somos más críticos que si perjudican a la oposición. Incluso en cuestiones científicas priorizamos nuestro referente político a las verdades contrastadas.

Hace 42 años, en 1976, el biólogo británico Richard Dawkins publicó su libro El gen egoísta. En él no proponía, como creen quienes sólo leen el título, que haya un “gen del egoísmo”, sino una visión novedosa de la evolución por selección natural que la presentaba no como una competencia entre especies o individuos, sino entre genes. 

En 2011, Sarah Wysocki, maestra primaria en Washington DC, fue calificada por un algoritmo de evaluación docente. En vez de valorar su forma de enseñar, corregir, tutorizar, etc., medía indicadores indirectos: las notas de sus alumnos.

¿Cuántas veces al día chequeas tu teléfono inteligente? Según una reciente investigación, el americano medio lo hace una vez cada seis minutos y medio, o lo que viene a ser lo mismo, 150 veces al día.

En septiembre de 2014, Nick Bilton publicó en el New York Times su artículo "Steve Jobs Was a Low-Tech Parent", en el que hacía una revelación a propósito del famoso empresario. Fue algo que sorprendió a los gurús tecnológicos, sobre todo a los empeñados en creer que un smartphone o una tablet son los mejores recursos educativos para la infancia.

Para quienes siguen disfrutando con los placeres de la vieja escuela (es decir, largas conversaciones en persona, un libro, una película...), este magnífico ensayo de Adam Alter será una confirmación de esa sospecha que algunos compartimos en voz baja: los ordenadores, capaces de facilitar incomporablemente la transmisión de conocimientos o la filantropía, son también el foco de una adicción muy típica de nuestro tiempo.

"Los veintidós bebés de animales más monos", decía el titular. "¡No te imaginas cuál es el número 11!"

Más allá de la experiencia tangigle, lo que llamamos iconosfera tiene dos planos: por un lado, los signos de la realidad accesibles a través del arte y los medios de comunicación convencionales, y por otro, esa acumulación de estratos que engrandece, segundo a segundo, el mundo digital.

El libro que viene

En un mundo de coches y trenes sin conductores, aspiradoras y neveras inteligentes, sensores que rastrean el sueño y el ejercicio, ¿podemos suponer que el libro seguirá siendo igual? La eclosión de la inteligencia artificial o el big data auguran una transformación radical de la forma en que consumimos todo tipo de contenidos culturales. En este momento de cambios e incertidumbres, hacemos un ejercicio de prospectiva y nos aventuramos a predecir el futuro del libro.