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Lamentos argentinos

En 1872, en pleno proceso modernizador y escolarizador de la Argentina, se publica El gaucho Martín Fierro, poema narrativo en idioma gauchesco que se convierte en best seller. En la década de 1890 alcanzará los 70.000 ejemplares oficiales, más ediciones en diversos países.

Catálogo de rarezas

La Argentina tiene fama de ser un país raro, por lo escaso de sus tipismos, su falta de color local americano, la dificultad para clasificarlo dentro de las categorías del desarrollo y los recursos naturales, la demografía y las breves tradiciones de su cultura. No es casual, entonces, la proliferación de personajes raros en sus letras.

Eduardo Mallea (1903–1982)

En las décadas de 1930 y 1940, Eduardo Mallea era lo que hoy se suele denominar un escritor de culto. No concitaba grandes públicos pero tenía fama de grave y hondo meditador sobre el ser nacional argentino y hasta consiguió ser conocido fuera de su país, extremo infrecuente para un letrado sudamericano. Luego, su estrella perdió luminosidad y actualmente, más que a la literatura, pertenece a la historia de la literatura, como dice su contemporáneo Borges.

En estas páginas, a medias documentales y autobiográficas, examino un fenómeno que todavía carece de cierre, cual es la emigración de escritores argentinos a España, a partir de la dictadura militar de 1976–1983. Digo emigración y no exilio porque, si bien el origen fue compulsivo, no puede hablarse de exilio desde que se restauró la legalidad democrática.

Fantasmas argentinos

A partir de la década de 1930, cierta zona de la literatura argentina empieza a ser frecuentada por los fantasmas. No se trata de los fantasmas de la novela gótica ni de las apariciones de la ficción modernista. Tampoco, de las alucinaciones mórbidas que cruzan muchas páginas de las novelas naturalistas dedicadas a la observación del genio y la locura, el crimen y el delirio. Los fantasmas góticos asustan desde una zona intermedia de cadáver insepulto, donde la carne descompuesta se niega a ganar la quietud de la muerte.

Con cierto hartazgo, los argentinos que andamos dispersos por el mundo –eventualmente, también concentrados– recibimos la machacona pregunta: ¿Cómo es posible que un país de tantos recursos ande tan mal? ¿Cuál es su anomalía?

Pepe en gris

En 1986 murió José Bianco. La última vez que nos vimos fue en Madrid, poco antes de su muerte. Pepe estaba disminuido en sus andares pero no en sus curiosidades, e iba lentamente por la ciudad, hurgando salas de exposiciones, cines (conocía de memoria algunos filmes de Hitchcock: Treinta y nueve escalones, El hombre que sabía demasiado), bares gay, donde preguntaba con palabras de otros tiempos: “¿No hay espectáculo burlesque?

Apostilla a Patricio Pron

En el número 801 de Cuadernos Hispanoamericanos publica Patricio Pron “Trayéndolo todo de regreso a casa”, un texto inteligente y certero que merece una apostilla. Su tema es claro: la pertenencia/impertinencia a la literatura argentina de los escritores nacidos en tal país pero que viven fuera de él.

Le tocó morir en Buenos Aires, la ciudad en la que vivió durante décadas y cumplió la mayor parte de su obra literaria y docente. Pero era rosarina y cabe recordarlo porque pertenece a una época muy intensa de la cultura letrada del país que se dio en esa ciudad de Santa Fe sobrenombrada la Chicago argentina.

La poesía de Leopoldo Castilla

Una rápida ojeada a la obra de este poeta salteño recoge la difícil síntesis que produce el encuentro de Rilke y Vallejo. Del primero palpita el ánima exaltado al descubrir que el mundo está lleno de cosas dignas del canto. Del segundo, el gusto por las ásperas reuniones entre palabras que andan desencontradas en el habla cotidiana. Para tal empeño, Castilla se vale de algo muy personal, lo más personal que puede tener un poeta: la inmediatez corporal del verbo.