En estas páginas, a medias documentales y autobiográficas, examino un fenómeno que todavía carece de cierre, cual es la emigración de escritores argentinos a España, a partir de la dictadura militar de 1976–1983. Digo emigración y no exilio porque, si bien el origen fue compulsivo, no puede hablarse de exilio desde que se restauró la legalidad democrática.

Fantasmas argentinos

A partir de la década de 1930, cierta zona de la literatura argentina empieza a ser frecuentada por los fantasmas. No se trata de los fantasmas de la novela gótica ni de las apariciones de la ficción modernista. Tampoco, de las alucinaciones mórbidas que cruzan muchas páginas de las novelas naturalistas dedicadas a la observación del genio y la locura, el crimen y el delirio. Los fantasmas góticos asustan desde una zona intermedia de cadáver insepulto, donde la carne descompuesta se niega a ganar la quietud de la muerte.

Con cierto hartazgo, los argentinos que andamos dispersos por el mundo –eventualmente, también concentrados– recibimos la machacona pregunta: ¿Cómo es posible que un país de tantos recursos ande tan mal? ¿Cuál es su anomalía?

Pepe en gris

En 1986 murió José Bianco. La última vez que nos vimos fue en Madrid, poco antes de su muerte. Pepe estaba disminuido en sus andares pero no en sus curiosidades, e iba lentamente por la ciudad, hurgando salas de exposiciones, cines (conocía de memoria algunos filmes de Hitchcock: Treinta y nueve escalones, El hombre que sabía demasiado), bares gay, donde preguntaba con palabras de otros tiempos: “¿No hay espectáculo burlesque?

Apostilla a Patricio Pron

En el número 801 de Cuadernos Hispanoamericanos publica Patricio Pron “Trayéndolo todo de regreso a casa”, un texto inteligente y certero que merece una apostilla. Su tema es claro: la pertenencia/impertinencia a la literatura argentina de los escritores nacidos en tal país pero que viven fuera de él.

Le tocó morir en Buenos Aires, la ciudad en la que vivió durante décadas y cumplió la mayor parte de su obra literaria y docente. Pero era rosarina y cabe recordarlo porque pertenece a una época muy intensa de la cultura letrada del país que se dio en esa ciudad de Santa Fe sobrenombrada la Chicago argentina.

La poesía de Leopoldo Castilla

Una rápida ojeada a la obra de este poeta salteño recoge la difícil síntesis que produce el encuentro de Rilke y Vallejo. Del primero palpita el ánima exaltado al descubrir que el mundo está lleno de cosas dignas del canto. Del segundo, el gusto por las ásperas reuniones entre palabras que andan desencontradas en el habla cotidiana. Para tal empeño, Castilla se vale de algo muy personal, lo más personal que puede tener un poeta: la inmediatez corporal del verbo.

Aunque nacido y educado como porteño, hace décadas que no habito Buenos Aires y así es como la ciudad sigue siendo capaz de sorprenderme. Anoto apenas una de estas sorpresas: la cantidad de lugares urbanos bautizados con nombres de escritores. La ciudad lo merece porque uno de sus títulos universales es, justamente, es ser sitio letrado: así es como he paseado por calles y plazas que se llaman Roberto Arlt, Jorge Luis Borges, Victoria Ocampo, Julio Cortázar y Leopoldo Marechal.

"La comemadre", de Roque Larraquy

El bonaerense Roque Larraquy, guionista y experto en el mundo audiovisual, demuestra con La comemadre que también es un novelista de primera. No en vano, se trata de un relato en el que la mitología oscura de las viejas fantasías científicas genera tanta inquietud como fascinación.

Volviendo a Cortázar

Con el centenario de Julio Cortázar sufrí un episodio de inverosimilitud. En efecto, me parece inverosímil que ese muchachón con inmutable aspecto de adolescente pudiera arrugarse como suele ser la costumbre de los ancianos centenarios. Por eso, quizá, me he puesto a recordar una historia, mínima si se quiere, de sus lecturas. Debo usar la primera del singular. El que avisa no es traidor. A pesar de mi costumbre –la crítica literaria– paso a creerle a mi memoria como el lector creerá a mis palabras. En el fondo de esta maleta hay viejos papeles, libros desencuadernados, letras grises sobre fondos amarillentos.