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Biografía de James Joyce

James es secundogénito, pero carga con el fantasma de un primogénito muerto. Se parecerá a su padre, salvo en la paternidad, valga la paradoja. James no tendrá tiempo para ocuparse de su hijo Giorgio y no sabrá qué hacer con su hija Lucia, que acabará encerrada en un manicomio. En lugar de muchos vástagos, como su papá, dejará unas pocas y robustas obras.

"Desde el corazón", de Maeve Binchy

Con realismo, calidez y cercanía, Maeve Binchy nos sugiere que nuestras vidas están más ligadas a los que nos rodean de lo que podríamos llegar a imaginar.

"Un lugar pagano", de Edna O'Brien

Toda la obra de Edna O'Brien (Tuamgraney, Irlanda, 1930) está impregnada de los paisajes de su infancia, del eco de su tierra, de sus padres, sus vecinos y amigos, su vida entera. Es una obra autobiográfica en el mayor, y mejor, sentido de la palabra. En sus libros vuelve a repetir a veces algunos acontecimientos que le han dejado huella, de forma que, sencillamente, sin alharacas, conocemos a la niña Edna, a la adolescente, a la joven y, sobre todo en su último libro Chica de campo, a la mujer y a la anciana. 

"Chica de campo. Memorias", de Edna O'Brien

Mi itinerario O'Brien comenzó con Las chicas de campo y continuó con La chica de ojos verdes y Chicas felizmente casadas. Después de un paréntesis, siguió con Las sillitas rojas y luego con En un lugar pagano. Por fin, llegué a sus cuentos, recopilados en Objeto de amor. Y ahora he navegado hasta sus memorias, Chica de campo, este libro. Ha sido una larga travesía, pero hecha en tiempo récord.

La cita es a media mañana en el hall de entrada de un hotel de Gran Vía, a unos pasos del estruendo y la prisa del tráfico y también de las idas y venidas de los huéspedes que gritan y arrastran sus maletas y dejan caer sus llaves en recepción. Pero nada inquieta la parsimonia del poeta irlandés: corpulento y afable, más delgado que en fotos recientes, los labios finos, los ojos achinados y risueños, se sienta de espaldas a la calle y espera la primera pregunta con tensión disimulada, el cuerpo encogido, las manos trabadas en un solo puño.

"Florido granado caduco marchito", de Sara Baume

Calmado, intimista, profundo. Así es el relato de un narrador que nos interpela desde su soledad, con tres elementos que configuran la totalidad de su historia: el recuerdo de los familiares que ya no están, el amor por los libros y la presencia de un perro que cataliza todas esas emociones.

"Las sillitas rojas", de Edna O'Brien

Lo último de Edna O'Brien (Tuamgraney, Irlanda, 1930) es un libro más voluminoso que el anterior y más coral, menos centrado en personajes concretos, como lo eran los que componen su trilogía Las chicas de campo, La chica de ojos verdes y Chicas felizmente casadas, en los que Kate y Baba ofrecían un relato transversal y cotidiano de problemas que todos entendemos y vivimos.

Trilogía de Edna O'Brien

Chicas felizmente casadas (Girls in Their Married Bliss, 1964) cierra la trilogía escrita por Edna O'Brien (Tuamgraney, Irlanda, 1932) y que tiene en Las chicas de campo (The Country Girls, 1960) y La chica de ojos verdes (The Lonely Girl, 1962) sus otras dos obras.

Tuan Mac Carell

El Leabhar Gabhála (Libro de las invasiones) cuenta la historia de los distintos pueblos que llegaron a la isla de Irlanda desde el principio de los tiempos.

"El hombre tranquilo", de Maurice Walsh

En 1933 el escritor irlandés Maurice Walsh atrajo la atención del director John Ford, al publicar en Estados Unidos El hombre tranquilo. La historia del boxeador norteamericano que regresa a su Irlanda natal para hallar la paz, y la encuentra en brazos de una mujer pelirroja de fuerte carácter, sería llevada al cine en 1952, protagonizada por John Wayne y Maureen O’Hara.