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América telúrica

A comienzos del siglo XX era frecuente que los intelectuales de todo el mundo se preguntaran qué era una nación, en qué consistía el “ser” nacional. Qué significaba ser español, alemán, ruso, chino, japonés. Las páginas de las revistas y los estantes de la bibliotecas se llenaron de artículos y libros que se preguntaban por esa esencia nacional, que a veces era incluso supranacional: qué significaba ser europeo, americano, latinoamericano, asiático, ario o judío.

Un poco de etimología

Nación es una palabra que proviene del hecho de nacer. Designa, en principio, el lugar donde nacemos o, como se decía antiguamente, donde nos nacen. Por eso se suele decir asimismo que alguien es nativo o natural de tal localidad o país. En cuanto a patria, se trata de la tierra de los padres que, normalmente, también lo es de antepasados más lejanos. Quiero señalar, simplemente, que ambas apelaciones se refieren a eventos que no pueden ser voluntarios ni vocacionales. Nadie puede decidir nacer en un sitio y en una fecha determinados, como tampoco puede elegir a sus padres y, a través de ellos, a sus ancestros.

Nacido en el Líbano y habitante de Francia, escritor libanés que escribe en francés, melquita de religión, hijo de católica y protestante, con una abuela egipcia casada con un maronita (que era librepensador, liberal y tal vez masón), árabe pero cristiano, Maalouf está autorizado para plantearse una reflexión sobre la identidad al margen de las filosofías identitarias al uso.

Diecisiete sistemas, un solo país

Una de las críticas que, últimamente, se viene haciendo al Estado de las Autonomías que consagró en el ordenamiento jurídico español la Constitución de 1978, es la referida a la necesidad de que el sistema educativo se articule desde el Estado central y se evite así la dispersión e, incluso, la disparidad actual. Por desgracia, todo lo referente a la Educación tiene en España un sesgo político, o, mejor dicho, todo se pasa por el tamiz de la discusión partidaria.

Asiste uno sorprendido al relativo silencio con el que conmemoramos el centenario del nacimiento del escritor y periodista Ignacio Agustí (1913-1974), y precisamente por eso, es muy de agradecer esta espléndida y documentadísima edición de artículos de Agustí, realizada por Irene Donate.

Esto es: Cataluña entendida como juego combinatorio, sin un centro que la unifique, grandiosa y a la par compacta; un subsuelo en el cual merece la pena arraigar, y donde el latido monótono se alterna con la genialidad o la ofuscación.