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La multitud inteligente emerge cuando las tecnologías de la comunicación amplían los talentos humanos de cooperación. Pero los impactos de la tecnología que define la multitud inteligente ya han mostrado que pueden ser al mismo tiempo beneficiosos y destructivos. Algunos la emplean para apoyar la democracia y otros para coordinar ataques terroristas.

Un nuevo tipo de red social se está extendiendo en los últimos tiempos dentro del espacio cibernético al que todo el mundo puede acceder usando su teléfono y su ordenador. No es un sueño futurista sino una práctica comunicativa que ya tiene su historia.

Las revelaciones según las cuales unos agentes rusos insertaron anuncios en Facebook que intentaban influir en las elecciones estadounidenses de 2016 plantean una cuestión inquietante: ¿es Facebook malo para la democracia?

La relación entre verdad y democracia no ha sido nunca fácil. Ya dijo Aristóteles que “la palabra es el fundamento de la práctica política”; pero son los regímenes totalitarios los que mejor han entendido que quien domina la semántica controla la realidad.

Pensamos que tomamos las decisiones de manera racional, pero no es así. La tendencia política de cada ciudadano influye en su actitud frente a las falsas informaciones. Ante datos que ponen en tela de juicio al partido en el que confiamos, somos más críticos que si perjudican a la oposición. Incluso en cuestiones científicas priorizamos nuestro referente político a las verdades contrastadas.

Memética de las "fake news"

Hace 42 años, en 1976, el biólogo británico Richard Dawkins publicó su libro El gen egoísta. En él no proponía, como creen quienes sólo leen el título, que haya un “gen del egoísmo”, sino una visión novedosa de la evolución por selección natural que la presentaba no como una competencia entre especies o individuos, sino entre genes. 

Las redes sociales han creado un boom en la difusión de la información, pero poco se sabe sobre la dispersión de noticias falsas en estos canales. Para arrojar luz sobre este fenómeno, investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y de la Sloan School of Management (ambos en Cambridge, EE UU) llevaron a cabo el mayor estudio sobre la transmisión de falsedades en Twitter entre los años 2006 y 20017. Los resultados se publicaron en la revista Science.

El fin de la prensa

Una de las aficiones favoritas de futurólogos profesionales y profetas mediáticos es vaticinar cuándo se publicará el último periódico en tinta y papel. Hace una década el entonces director ejecutivo de Microsoft, Steve Ballmer, aseguró que eso ocurriría en 2018. También dijo que se retiraría ese año pero tuvo que hacerlo cuatro años antes.

En la era de la posverdad

Le dicen posverdad y es la propagación de versiones falsas, presentadas como auténticas, que ha influido en algunos de los virajes políticos más drásticos en los años recientes. No se trata de la simple repetición de mentiras, que siempre las ha habido en el quehacer político, sino del efecto que tienen las redes sociodigitales en la articulación de grandes núcleos de la personas que dan más verosimilitud a informaciones falsas, pero que les parecen creíbles, y no a las noticias que difunden los medios de comunicación tradicionales.

En septiembre de 2014, Nick Bilton publicó en el New York Times su artículo "Steve Jobs Was a Low-Tech Parent", en el que hacía una revelación a propósito del famoso empresario. Fue algo que sorprendió a los gurús tecnológicos, sobre todo a los empeñados en creer que un smartphone o una tablet son los mejores recursos educativos para la infancia.