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Si la inteligencia artificial está dando sus primeros pasos, la ética que la conformará se encuentra todavía en una etapa embrionaria. Por eso el dilema ético al que nos enfrentaremos empieza a generar interés en algunos sectores y preocupación en otros. La cuestión es que, a medida que avanzan los progresos en inteligencia artificial, se hace más complicada la introducción de valores en la máquina si estos no son programados o introducidos a tiempo. Algunas pruebas recientes en inteligencia artificial han reflejado que la máquina pone resistencia a la reprogramación una vez que ya ha sido configurada. Como si, a medida que la inteligencia aumentara, la resistencia a modificaciones también lo hiciera.

El derecho de los robots

Los autómatas, los mecanismos ingeniosos, nos fascinan desde la Antigüedad y abrieron el camino a otras criaturas mecánicas, como los robots, y después a ingenios inmateriales o no corporales como los sistemas de inteligencia artificial (IA).

Mi vida como un ‘cíborg’

“Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad”. Atribuida a Albert Einstein, la frase condensa los recelos que rodean cada revolución tecnológica. Pero la especie humana no solo ha convivido siempre con la tecnología: le debe su propia condición de humanidad.

Si viviéramos ya en un mundo futuro y existieran robots equipados con inteligencia artificial, iguales en todo lo demás a los humanos, ¿sería necesario que fueran conscientes de que lo son? Es decir, ¿debe un robot saber que no es un ser humano? Imagínese viviendo en ese mundo sin saber si usted es o no un robot: ¿querría saberlo?, ¿sería conveniente? Si no hay diferencias fundamentales entre humano y robot, ¿tiene sentido saber si se es una cosa o la otra?

La esencia del futuro es la automatización. Con ella se exalta este apogeo de los robots que ya anticiparon el cine y la literatura. Ustedes saben a qué me refiero: libros y películas que a veces nos hablan de un mañana prometedor, en el cual nos aliamos con las máquinas, y que otras veces describen un destino apocalíptico, en el que los autómatas dominan el mundo con palabras metálicas y armas invencibles.

De un tiempo a esta parte, los especialistas en predecir el mañana ‒los que lo hacen en serio, con claves científicas, y no mirando el horóscopo‒ cruzan apuestas. Los más atrevidos, publican sus pronósticos.

"Un mundo robot", de Javier Serrano

Lanzarse a escribir lo idílico o lo tenebroso que será el futuro se ha convertido ya en una costumbre. Fueron los escritores de ciencia-ficción los primeros que decidieron alimentar la idea de que, cada año que pasa, ese porvenir rupturista e innovador está un poco más cerca. Luego, con el impulso de las nuevas tecnologías, han sido los expertos en robótica e inteligencia artificial quienes nos han sugerido que quizá ‒o casi seguro‒ tengamos que resignarnos a ser actores de reparto en un espectáculo protagonizado por máquinas.

Amazing Stories fue la primera revista pulp especializada en ciencia-ficción y punto de arranque de la etapa moderna del género. Fundada por el emprendedor Hugo Gernsback en 1926, en 1938 fue adquirida por la compañía Ziff Davis, que puso en el cargo de editor a Raymond Palmer, un jorobado de estatura diminuta.

"R.U.R." (1921), de Karel Čapek

Durante siglos el hombre de ficción ha fabricado criaturas de lo más diverso, desde la estatua de Pigmalión al Golem pasando por Pinocho. Pero nunca había existido preocupación alguna por diferenciar entre seres mágicos o científicos. Sin embargo, con el auge de la ciencia y la tecnología, la fantasía se fue separando cada vez más del romance científico. Eran necesarios nombres nuevos para los hijos del nuevo género.

Antes de que ningún occidental supiese lo que significa otaku, los chavales españoles de la década de los 70 se volvieron locos con la serie animada Mazinger Z. Es más, en España todavía mucha gente se refiere a los mecha (robots gigantes tripulados) como Mazingers. Se cumplen 40 años desde que el personaje se asomara por primera vez a los televisores patrios, y para celebrarlo llega a los cines la película Mazinger Z: Infinity, a su vez producida para conmemorar los 45 años de existencia de la franquicia en Japón.