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En un experimento cuyos resultados se publicaron en 2014, se colocó a 66 chavales de entre 16 y 18 años en un simulador de conducción para medir lo temerario de sus decisiones. A veces conducían solos y a veces lo hacían acompañados por otro adolescente. Los resultados demostraron lo que cualquier padre cree saber por intuición: que un chaval de esa edad es mucho más sensato cuando está solo que cuando le ven sus amigos.

¿Por qué nos odiamos?

“Por supuesto que los odiábamos. El plan para matarlos estaba dispuesto y terminado. El odio estaba profundamente arraigado, de modo que cualquiera que veía a un tutsi lo mataba”. Lauren Renzaho tenía cincuenta años cuando en 1994 participó en el genocidio de Ruanda y no dudó en contarle al fotoperiodista Nick Danziger, del programa BBC Panorama, los motivos que le movieron a asesinar a sus compatriotas. Así lo recoge el libro La naturaleza del odio (2010), de los psicólogos Robert J. y Karin Sternberg.

A tipo fijo

“¡A tipo fijooo!” ha sido una de las frases de moda en las fiestas navideñas de 2017. Por si usted ha estado lejos de Internet, los medios de comunicación o las reuniones sociales, aquí va una breve explicación.

El otro día, caminando por la calle escuché: “Como no te portes bien, hoy no te doy tus juguetes”. Pensé, con ternura, pobre niño, hoy se queda sin jugar. No fue poca mi sorpresa al girarme y ver que a quién se dirigía la mujer no era a un niño, sino a un pobre perro que miraba atónito a su dueña.

Casualidades

Tal vez algún lector se haya dado cuenta por casualidad de que a menudo digo frases como: “Quiso el destino que al día siguiente…” o “Un azar caprichoso ha querido…”, o, en fin: “La casualidad ha querido…”

Vida perra

Leyendo el periódico en el parque me he hecho contertulio de una asamblea que podría llamarse la Vida Perra. Una rápida conclusión me ha sugerido corregir el refrán: «Dime qué perro paseas y te diré quién eres».

Balada del metro

Un elemento existencial de la vida en una gran ciudad y al cual prestamos la misma desatención que a todo lo cotidiano, es el hecho de que una muy considerable parte de nuestra existencia la pasamos bajo tierra, viajando en metro. Muy excepcionalmente, alguna línea madrileña sale a la superficie y constatamos que el mundo que habíamos abandonado al bajar las escaleras del metro, sigue en pie, bastante similar a lo que siempre ha sido. Vuelvo al comienzo. Es lo diario, aquello que por falta de atención se torna desconocido, según propuso Hegel hace unos cuantos años.

Mentes frikis

Participar en comunidades culturales, subculturales o contraculturales puede ser un buen antídoto contra el conformismo. Los frikis (o freaks), habitualmente caricaturizados, pueden servir para analizar un colectivo que, además de un interés por estilos peculiares de consumo cultural, conjugan un acentuado sentimiento de individualidad con un especial sentido de la pertenencia. ¿Qué tienen en común las mentes de estas personas? ¿Existe una teoría cognitiva del frikismo?

América telúrica

A comienzos del siglo XX era frecuente que los intelectuales de todo el mundo se preguntaran qué era una nación, en qué consistía el “ser” nacional. Qué significaba ser español, alemán, ruso, chino, japonés. Las páginas de las revistas y los estantes de la bibliotecas se llenaron de artículos y libros que se preguntaban por esa esencia nacional, que a veces era incluso supranacional: qué significaba ser europeo, americano, latinoamericano, asiático, ario o judío.

El divino tesoro

Convoco a dos poetas para discurrir velozmente sobre la juventud. Rubén Darío la definió como un divino tesoro; Jean Cocteau como una creencia: todos los jóvenes se creen –nos hemos creído– una raza. A su manera, tienen razón. Hay días de la juventud en que los tales se sienten/nos hemos sentido, hermosos como dioses. Y hemos querido perpetuar esa divinidad, convirtiéndola en un rasgo racial. Daré unos ejemplos de memoria.