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Supuestamente, Homo sapiens, nosotros, somos una especie racional, por eso mismo resulta sorprendente ver cómo somos víctimas de los miedos irracionales, de los dogmas y de los estereotipos que nos inculcan durante nuestra infancia. Una vez que somos adultos nos acompañan, y los prejuicios o la falta de información les proporcionan todo tipo de comodidades para que sigan bien asentados.

Las claras aguas que rodean la isla Guadalupe (al sur de Baja California, México), en la costa pacífica, son el escenario ideal para observar al tiburón blanco (Carcharodon carcharias), una especie considerada vulnerable según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

"Tiburón" es una palabra polivalente. Lo mismo sirve para designar a una especie animal acosada de forma irracional por la industria pesquera, e imprescindible para el equilibrio de los ecosistemas marinos, que para nombrar a ese horror definitivo que nos acecha en las profundidades. Esto último, claro está, se lo debemos principalmente al cine.

La relación entre peces y hombres viene de muy largo y abarca diferentes aspectos: investigación, nutrición, salud, ocio… pero parece razonable suponer que la primera fue una relación alimenticia. Posiblemente, ante la existencia de un recurso nutricional adicional como el pescado, éste fue incorporado a la dieta en aquellas poblaciones de homínidos asentadas en entornos fluviales o costeros cuyos miembros empezaron a desarrollar técnicas de pesca.

¿Quién, sino un gran tiburón blanco, sería capaz de atemorizarnos tanto? Desde aquella época en que Spielberg convirtió a esta criatura en un fantasma de los abismos, todos los horrores del océano se identifican con las fauces de este majestuoso depredador.

Los primeros tiburones aparecieron en el planeta hace 300 millones de años. Su gran capacidad de adaptación les ha permitido llegar sin problemas hasta nuestros días.

En un país como México, con más de 100 millones de habitantes, los divulgadores somos cada día más conscientes de la urgente necesidad de llegar a públicos más amplios.

Uno de los secretos evolutivos del éxito de los tiburones se oculta en uno de sus rasgos más pequeños: las escamas flexibles que recubren su cuerpo. La clave reside en que estas escamas controlan la separación del flujo de agua en torno a los cuerpos de los escualos, y ello les permite acelerar su ataque.

Después de décadas de controversia, fueron los investigadores de la Universidad de Florida quienes confirmaron que los tiburones blancos actuales (Carcharodon carcharias) evolucionaron del tiburón mako de dientes anchos (Isurus hastalis), ya extinto, y no del Carcharodon megalodon, el pez carnívoro más grande que se ha conocido, como los paleontólogos creían.

Investigadores del Instituto Español de Oceanografía han descubierto en aguas canarias, y a más de 1.000 metros de profundidad, un importante yacimiento submarino de fósiles en el cual se han encontrado dientes de megalodón, el tiburón más grande y mayor depredador marino que ha existido.