Pangloss, Colón y la sífilis

Enfermo de sífilis. Atribuido a Durero

En Cándido, o el Optimismo, Voltaire [1] satiriza a los idealistas y nos presenta a Pangloss, un optimista empedernido que siempre encuentra una causa positiva a las peores desgracias.

Al hablar sobre la sífilis que lo aqueja, Pangloss empieza por describir cómo adquirió “los tormentos del infierno” por haber gustado “las delicias del paraíso” en brazos de una bella doncella y de cómo el germen a su vez provenía en sucesión de un franciscano, una condesa, un capitán, una marquesa, un paje, un jesuita y finalmente, “en línea directa, de uno de los compañeros de Cristóbal Colón.” A pesar de su sufrimiento, Pangloss afirma que la enfermedad es un elemento indispensable en el mejor de los mundos, porque “si Colón no hubiera atrapado en una isla de América esa enfermedad que emponzoña la fuente de la generación, […] no tendríamos ni el chocolate ni la cochinilla.”

Tradicionalmente se ha atribuido a la sífilis un origen americano, porque la primera epidemia importante de la enfermedad en Europa se produjo poco después del regreso de Colón, en 1494 durante el sitio de Nápoles por las tropas francesas. Debido a su naturaleza venérea y la propensión a aparecer en puertos y otros lugares llenos de viajeros, no tardó la enfermedad en ganar nombres peyorativos y llenos de xenofobia. En Italia se le llamó “la enfermedad francesa”; en reciprocidad, los franceses la conocieron como “la enfermedad italiana”, pero era “la enfermedad española” en Holanda, “la enfermedad polaca” en Rusia y “la enfermedad cristiana” en Turquía.

Para apoyar la hipótesis de que Treponema pallidum, la bacteria de la sífilis, entró en Europa con los primeros viajeros al Nuevo Mundo, Jared Diamond [2] señala la agudeza con la que la enfermedad azotaba a los europeos a finales del siglo XV, cuando las pústulas los cubrían de cabeza a pies, la carne literalmente se caía a pedazos y la muerte sobrevenía en cosa de unos cuantos meses.

Ya a mediados del siglo XVI la enfermedad había evolucionado hacia una forma un poco más benigna, más parecida a la actual.

Jan van der Straet: "La sífilis y su tratamiento" (s. XVI)

Sin embargo, desde hace mucho tiempo se ha remarcado también que algunos escritos europeos antiguos describen padecimientos con síntomas muy similares a los de la sífilis. Algunos escritos de Hipócrates, por ejemplo, parecen describir los chancros genitales característicos de la infección por Treponema.

Se ha especulado también que “la lepra” que aparece innumerables veces en la Biblia podría en realidad corresponder a la sífilis. Por ejemplo, uno de los suplicios que tuvo que soportar Job fue el quedar cubierto “con una úlcera maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza.” También algunos escritos medievales describen pústulas semejantes a las de la sífilis, y recomiendan el uso de mercurio para su tratamiento.

La sífilis es la enfermedad que padece la protagonista de la serie de grabados "A Harlot's Progress" (1732), de William Hogarth.

Dadas las evidencias a favor y en contra, y aunque la mayoría de los expertos considera que un origen americano de la enfermedad es el escenario más probable, no existe certeza completa al respecto.

En octubre de 2010 circuló en los medios masivos de comunicación una nota en la que se anunció el descubrimiento de pruebas, en apariencia irrefutables, de la presencia de la sífilis en Europa antes de Colón [3]. Brian Connell y su equipo, del Museo de Londres analizaron más de cinco mil restos óseos de personas enterradas en el Hospital de Santa María, en Londres, en los siglos XIII y XIV. De acuerdo con las notas periodísticas, en al menos 25 de los esqueletos se encontraron lesiones que inequívocamente se pueden identificar como signos de sífilis.

Si estos resultados se confirman, se refutaría la hipótesis del origen americano de la sífilis y de su introducción a Europa por los hombres de mar de Cristóbal Colón. Sin embargo, es necesario aguardar a que Connell y su equipo sometan sus resultados al escrutinio de alguna revista científica antes de emitir un juicio a favor o en contra del almirante genovés.

"La moral es una enfermedad venérea. Su primera fase se llama virtud. Su segunda fase aburrimiento y la tercera, sífilis." Karl Kraus (1874-1936). Escritor y periodista austriaco.

[1] Voltaire. 2006. Cuentos completos en prosa y verso. Traducción de M. Armiño y M. Domínguez. Ediciones Siruela/Fondo de Cultura Económica, México.

[2] Diamond, J. D. 1997. Guns, germs, and steel. The fates of human societies. W. W. Norton, Nueva York.

[3] Por ejemplo, esta nota del Discovery Channel

Copyright © Héctor T. Arita. Reservados todos los derechos.

Publicado originalmente en Mitología Natural. Este artículo está bajo una licencia CC.

Héctor T. Arita

Héctor Arita es biólogo por la Facultad de Ciencias de la UNAM (1985) y doctor en ecología por la Universidad de Florida, Gainesville (1992). Desde 1992 es investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), primero en el Instituto de Ecología y luego en el Centro de Investigaciones en Ecosistemas (CIEco).

En el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (IIES), realiza proyectos de investigación que se enfocan a la comprensión de los patrones de composición, estructura y diversidad de los conjuntos de especies a nivel local (ecología de comunidades) y regional y continental (macroecología). Realiza también investigaciones sobre las aplicaciones de estos estudios a la conservación de la diversidad biológica.

Ha sido representante académico en diferentes cuerpos colegiados de la UNAM, además de haber sido el primer jefe del Departamento de Ecología de los Recursos Naturales y director del Instituto de Ecología. También fue presidente de la Asociación Mexicana de Mastozoología (AMMAC) y coordinador de la sección de biología de la Academia Mexicana de Ciencias.

A nivel internacional, ha participado en comisiones y mesas directivas de asociaciones como la American Society of Mammalogists, la North American Society for Bat Research y la International Biogeography Society. Ha participado también en el consejo científico asesor del National Center for Ecological Analysis and Synthesis (NCEAS) de los Estados Unidos y actualmente es miembro del consejo de editores de Ecology Letters.

En 2016, ganó el III Premio Internacional de Divulgación de la Ciencia Ruy Pérez Tamayo por su obra Crónicas de la extinción. La vida y la muerte de las especies animales.

Fotografía de Héctor T. Arita publicada por cortesía del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Sitio Web: hectorarita.com/

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